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Julián había viajado desde Córdoba con su papá, era el gran día, ese que había esperado tanto y con el que soñaba desde que tuvo la edad suficiente para entender qué era el fútbol.
Fútbol • Futbol nombre masculino “Juego entre dos equipos de once jugadores cada uno, cuyo objetivo es hacer entrar en la portería contraria un balón que no puede ser tocado con las manos ni con los brazos, salvo por el portero en su área de meta.”
Si lo buscas en Google, te da una definición de este tipo. "Un juego" suelen decir, pero para Argentina no es solamente un juego. Dicho país, de bandera celeste y blanca, lo ve como algo mucho más importante que un juego. El fútbol es una pasión, es el amor por una camiseta, es la adrenalina de correr atrás de una pelota; o de ver a un muchacho representándote tras ella. El fútbol es la felicidad de un campeonato, la tensión en un super clásico; o en una final, y también el dolor y la decepción de perder un partido importante. El fútbol para Argentina no es poca cosa, y para la familia Álvarez menos. Julián se había criado en un ambiente futbolero, amaba ver los partidos de River con su primo y sus hermanos, y obviamente también los juegos de la selección.
— Julián, ¿listo? — le pregunta su padre y el chico asiente respirando hondo.
Él había pasado por una sola inferior; la de un club de Calchín, su ciudad natal. Aunque de muy chico se había probado en la de cierto club al que no le tenía mucho afecto, pero ahora se iba a probar en River, y de quedar allí; cree que no habría una felicidad más grande. Pasó el día sintiendo un poco de presión al ser observado por los reclutadores del club, pero esperó que las respuestas a su petición fueran positivas. Se retiró del club junto a su padre y juntos esperaron al día siguiente esa llamada con el sí que le aseguraba una chance de poder lograr su sueño.
— Ya está, no van a llamar. — se rinde Julián suspirando.
Eran casi las seis de la tarde y no había llegado absolutamente nada. Estaba tan decepcionado de sí mismo, realmente sentía que había dado todo por ese sí y aún así no lo había logrado.
— Juli, no todo en esta vida es el fútbol. — atina a decirle su padre al ver el rostro de frustración que tiene. — Si no quedaste fue por algo, Ju. — le asegura y se acerca a abrazarlo.
El adolescente no puede con esas palabras y suelta unas lágrimas, simplemente lo había sobrepasado el pensar que no era tan bueno. Después de una cena silenciosa y de pocos ánimos en ese cuarto de hotel, Julián se tumba en su cama queriendo dejar descansar su cuerpo y su mente por un rato, pero el grito de su papá lo hace levantarse de inmediato y caminar hasta donde se encuentra Gustavo.
— ¡Julián sí quedaste! ¡No te confirman por llamada, es por mail! — le dice sonriente y el menor está tan shockeado que no puede responder en ese momento.
— ¿Quedé en River? — le pregunta incrédulo.
— Sí, Juli, sí. — le responde el mayor eufórico y se abrazan con miles de emociones recorriéndolos.
Todo había salido como se suponía, ahora quedaba volver a Córdoba, contarles a todos sobre la gran noticia, hacer maletas e ir a tratar de cumplir su sueño en Buenos Aires. La familia Álvarez no era de un mal pasar económico, pero no podían darse el lujo de alquilar algo para que Julián pudiese vivir en Buenos Aires. Esa cuestión se había vuelto un especie de obstáculo, pero habían logrado que el club le diera un lugar en la pensión. El tiempo corría con rapidez, Julián estaba jugando en la octava del club, había conocido a muchos chicos que ahora eran sus amigos, y también había hecho buena miga con otros chicos con los que se relacionó en la pensión. Todo iba demasiado bien, hasta que el club le comunicó con pesar que tenían que darle un lugar de la pensión a otro jugador que venía de una provincia más lejana, y aunque podía seguir asistiendo a la escuela del lugar, no podían seguir dándole un techo.
— ¿Todo bien, Julián? — le pregunta un morocho azabache mientras se saca los botines en el vestuario.
Álvarez levanta la mirada y lo identifica; Enzo fernández. Un cinco que podía tranquilamente ser un ocho también, mediocampista veloz y de buen pasar en la octava. Nunca tuvo mucho contacto con él, pero le parecía buen pibe por las pocas conversaciones que había compartido con él.
— ¿Por? — le pregunta él y eso le hace saber a Enzo que hay algo que no anda bien.
— Estás medio decaído, no sé, diferente. — asiente sentándose a su lado.
Julian suelta un suspiro sin saber si contarle la situación que estaba atravesando, pero decide hacerlo con tal de descargarse con alguien.
— Pasa que ya no tengo el lugar en la pensión, y no tengo en donde quedarme. Creo que voy a tener que dejar el fútbol y bueno, volver a Córdoba y todo eso. — le cuenta poniéndose una remera cualquiera.
Enzo asiente y se queda en silencio por unos minutos.
— Vení a mi casa. — le dice de forma segura y el cordobés alza la mirada con algo de sorpresa.
Enzo no era su amigo, ni algo parecido, pero le estaba ofreciendo un lugar en su casa y eso le parecía un gesto demasiado noble.
— ¿En serio, Enzo? — le pregunta un tanto sorprendido por la propuesta.
— No es la mejor casa del mundo y no hay lujos, pero sí, en serio te lo digo. — asiente firme con su propuesta.
Julián está totalmente en shock, hasta hace horas estaba pensando en hacer sus valijas y volver a su ciudad natal, y ahora le estaban ofreciendo un techo, un lugar donde quedarse, y la esperanza de seguir con su sueño en pie.
— Gracias, Enzo, en serio. No tengo palabras, pero gracias. — le dice de forma honesta y Fernández le regala una sonrisa.
— No es nada, y, seamos honestos; tampoco sos de muchas palabras. — le dice haciéndolo soltar una risa un tanto tímida.
Después del gesto de Enzo, Julián llamó a sus padres contándole toda la situación, la cual era un poco difícil de creer, pero que los ponía muy felices. Para la tarde del día siguiente ya estaba en un colectivo después del entrenamiento junto a Enzo, y yendo a la casa del mismo. Aquella casa, que lo recibió a sus quince años con sonrisas, una familia muy grande, un plato de comida sobre la mesa y un techo bajo el cual quedarse, se convirtió en su hogar también con el correr del tiempo. La relación con Enzo trascendió varias fronteras y, aunque el azabache de catorce, y el castaño de quince no lo creyeran si se los decían en aquél momento, llegarían muy lejos juntos en un futuro, y no solo en el ámbito futbolístico.
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n/a: buenaaaas, os enzulian pq pintó je por si no sabían, enzo hizo esto posta pero con un pibe q jugaba con el en la octava (si no me equivoco) para q no se tuviera q volver a misiones comenten, besos 💘💘💘