Bebé por encargo: Manual de la cigüeña para futuros padres primerizos.
Capítulo Once.
"¡¿Embarazada?! Parece que la noticia te hubiera sentado apenas ayer... (Terror) ¡Pero, vamos! Retrocedamos en la sección: 'El anuncio' (O, ¿Cómo decirle a tu pareja que su vida cambiará para siempre? Y si no tienes pareja, en ese caso, inserte música de suspenso)
Aquí puedes usar viñetas con opciones divertidas: "Opción 1: la prueba de embarazo como un regalo envuelto (con confeti y mucho drama)." "Opción 2: el ataque de llanto descontrolado que lo dejará sin palabras (y posiblemente con un poco de miedo)." "Opción 3: un powerpoint con datos estadísticos sobre la crianza (¡muy convincente!)."
Diciembre 24. 621 East 9th Street, Manhattan, NY
Lauren no se molestó en tocar la puerta y Natasha no se molestó en salir de debajo de las sábanas. La última vez que recordó una escena parecida entre ambas fue cuando Ava le había pegado una goma de mascar en el cabello que, aún así, comparado con la magnitud de su situación, no dolía menos...
Sentía una presión aguda en el pecho, como si le estuvieran clavando miles de agujas en el corazón y el resto de su cuerpo solo recepcionaba el dolor en completa quietud. No podía evitarlo, ni tampoco el llanto silencioso que terminaba empapando su almohada.
—Vete—Natasha demandó con la voz enronquecida—. Ya sé que estás decepcionada, pero en este momento no necesito escucharlo. Solo dame unos minutos hasta que me sienta en la capacidad de volver a casa.
—Esta es tu casa. Cariño...
—No, mamá. Mi casa es el pequeño espacio que odias, pero que puedo permitirme rentar, junto a mi gato y en unos meses junto a...—tragó pesado, sin poder imaginárselo siquiera—. Bueno, supongo que viéndolo así, en unos meses mi apartamento nos quedará algo pequeño. Algo más en lo que tienes razón. Dios, solo... ¿Por qué tenía que suceder ahora? ¿Por qué de esta manera? ¡Fui una estúpida!
Natasha sintió cómo el colchón se hundía de a poco bajo el peso de su madre justo detrás de ella; lo último que necesitaba era girar y encontrarse con su mirada de reproche; pero en su lugar, sintió la mano de Lauren acariciar su espalda suavemente, como si estuviera tratando de reconfortarla. La necesidad de apartar las sábanas que cubrían su cabeza y confirmar que no estaba imaginando nada, fueron más fuertes que la vergüenza que sentía en ese instante y se asomó apenas.
Cuando Natasha vislumbró una mueca que parecía una sonrisa comprensiva, relajó los músculos tensos y su rostro se cubrió de confusión. «¿Es que el embarazo debía alterar las hormonas de todos los que la rodeaban? ¡Vaya, bebé, y creía que era exclusiva!»
—Mamá...¿Estás bien?—Lauren asintió ensanchando su sonrisa—. Es que esto me recuerda la última vez que intentaste sonreír luego de tu aplicación de botox.
—¡Oh, Natasha!— ella le propinó un golpe suave en el hombro.
—Lo siento, la seriedad me genera pánico y ya tengo suficiente de eso... Es que, no pareces enfadada.
—Es porque no lo estoy, niña tonta.
—Mamá, técnicamente soy una adulta más cerca de la menopausia que de la radiante adolescencia—se secó apenas los restos de lágrimas en sus mejillas y se reclinó contra la cabecera de la cama—. Y, aún así, no sé qué se supone que debo hacer a partir de aquí. ¿Cómo podrías estar feliz si voy a traer al mundo a un niño en medio de todo este caos? Además, odias a su padre...
—No lo odio...—Natasha elevó una ceja en cuestión—, solo me resulta un poco insufrible... Pero no creo que Steve sea un mal tipo, de hecho, creo que deberías hablar con él, querida, lucía bastante preocupado cuando subiste las escaleras.
—Steve no necesita esto—suspiró—, debe de estar tan descolocado como yo, ha sido como arrojarle una cubeta de agua fría.
—Sigue siendo el padre, y por mucho que me cueste admitirlo, es un tipo responsable. No va a dejarte sola.
—¿Y qué si es eso lo que quiero? ¿Él y yo siendo una familia funcional? Habría jurado que antes te daría un infarto.
—Posiblemente, pero son adultos. Sabrán como resolverlo.
—Hace poco era una niña tonta.
—¡Sabes a lo que voy! Además, acabo de procesar lo vivido hace media hora y él parecía muy decidido a quedarse hasta que decidieras abrirle la puerta. Deberías enfrentar la situación. De lo que siempre estuve segura es de que no tuve una hija cobarde.
—Bueno... nunca es tarde para serlo.
Ella trató de esconderse bajo la cobija, pero Lauren lo impidió arrojando la sábana a un lado.
—¡Natasha, lo digo en serio!
—¡Yo también! Él no quiere esto, no conmigo. No somos una pareja, tampoco sé si seguimos siendo amigos o si acaso somos...¿Personas normales? Solo sé que lo que pasó fue un error y él merece estar enamorado y que sea recíproco, merece estar ilusionado con la idea del matrimonio por muy patética que me parezca y merece tener un hogar estable con una familia que adore; no un régimen de visitas por custodia compartida con una inmadura que apenas puede mantener su habitación en orden.
Lauren negó al verla, parecía que la frustración emanaba de Natasha como una nube gris a punto de desatar una fuerte tormenta. «Sí, ella probablemente se echaría a llorar otra vez».
—Sigo sin entender como ustedes dos terminaron en semejante situación.
—Una mezcla de alcohol, malas decisiones y falta de sexo, creo.
—¿Por qué intuyo que aquí falta algo?
Natasha resopló frustrada ante las acusaciones de su madre y terminó, por fin, de envolverse con la sábana hasta que no quedase un cabello fuera de su reciente escondite.
—No pasa nada, aquí no hay nada, ¿De acuerdo?
Lauren se levantó, resignándose a obtener más de ella. Natasha no quería que las suposiciones que se estaban formando en su cabeza y, de seguro, en la cabeza de su madre sean un hecho concreto.
—Le avisaré a tu padre que te quedas a dormir.
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Bebé por encargo
FanfictionLa paternidad tiene a Steve y Natasha sobre la cueda floja en plena crisis de los treinta, la presión de los padres y la experiencia de sus amigos resultaba abrumadora; tanto que les dejaba las piernas de gelatina y los nervios destrozados ¿Por qué...
