VIII

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Bebé por encargo: Manual de la cigüeña para futuros padres primerizos.

Capítulo ocho. 

El bombardeo de información puede resultar un poco abrumador, tomate un descanso y continúa, no hay nada mejor que la motivación que viene de uno mismo. 

Diciembre 14. Salida a la 47th St. Astoria- Queens, NY.

Todo lo que Natasha tenía que hacer era actuar natural. Podía hacerlo, por supuesto, ¿Por qué no podría? Sería ridículo que una mujer en sus treinta estuviera asustada por un acostón...Un acostón con su mejor amigo, pero esos eran detalles menores.

Debía actuar como una persona madura, ignorar a Clint que, sabrá Dios los motivos, estaba detrás del escritorio de su oficina, dejarle las llaves e irse.

Se encogió de hombros y comenzó a caminar calle abajo, cuando una cuadra más tarde se dijo a sí misma que estaba volviéndose loca, si no se detenía terminaría caminando hasta Queens en tacones y, para variar, no había dejado de pensar en Steve.

Definitivamente no estaba tomando esa situación como debería hacerlo una adulta, la adulta que su madre todas las veces le recordaba que era. Entre regaños, por supuesto.

Se decidió que como adulta, se pagaría un taxi.

Y durante el viaje no sabía por qué tenía una sensación como de nudo en la garganta...otra vez...por quinta vez en el día. ¡Dios! ¿Qué estaba pasando?

—¡Nat!—Wanda exclamó, apareciendo tras la puerta una vez que Natasha llegó a la residencia de los Barnes—. Adelante, tenía contemplado que llegarías más tarde porque tenías trabajo.

—Sí, pero lo resolví a tiempo. Además tenía ganas de verte, con todo lo del viaje y cuidar a Elliot y el trabajo no hemos tenido mucho tiempo...Por cierto, ¿Dónde está Elliot? —no pudo evitar preguntar.

—¡Oh, con James!—sonrió y volvió a los macarrones que sacaba del horno—. No han parado de pasar el tiempo juntos desde que volvimos a casa. Y ahora que Elliot aprendió a caminar—Wanda le dio una mirada significativa—, gracias a ustedes, él quiere llevarlo a un día de aventura lo cual considero altamente peligroso.

Natasha se mantuvo en silencio mientras ella servía cuatro platos. Natasha frunció el ceño.

—¿Esa no es una porción demasiado grande para Elliot?— señaló.

—Nat—Wanda rió—., no seas boba, Elliot ha cenado hace como una hora. Esta es para Steve.

—¿Steve está aquí?—los ojos de Natasha por poco y salen de sus cuencas, y al parecer, Wanda notó su alarma porque de pronto se extrañó ante su reacción.

—Sí...¿Qué sucede..? James dijo que tendrían algo así como una noche de chicos—rodó los ojos—, pero relájate un poco, tenemos vino después de todo y ellos no van a molestar o se arrepentirán.

Natasha, una vez más, se abstuvo de responder y asintió. Y hasta ahí, todo parecía ir completamente normal...para todos menos para ella, que volvió a entrar en pánico nada más oír las pisadas en las escaleras, y no podía ser solo James, ¡Maldición!

—¿Nat?

Y esa era la voz de Steve. »¡Genial» y lo peor de todo es que, cuando giró,, para su desgracia, el tenía la misma expresión de pánico.

—Hey...Creí que te quedarías en el trabajo...

—Cambio de planes...Creí que vendría tu madre...

Bebé por encargoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora