Una furia creciente y un dolor que lo había atravesado como una espada afilada fue lo que sintió Garfio al ver caer a Lottie del barco atada como un pollo. Debía ser, con meridiana certeza, la peor agonía que había sentido nunca. En comparación, el disparo que acababa de sufrir era una minucia.
Lo único que se había sentido capaz de hacer, fue correr hacia ella para salvarla. Si no la sacaba pronto del agua, moriría ahogada. Y la idea de que no volviera a abrir sus ojos, mirarlo con desafío o apuntarlo con una espada, ni tendría otra oportunidad de besar sus labios... lo volvía loco.
Antes de conocerla, Garfio la habría sentenciado a ese destino él mismo, ahora en cambio se apresuraba a tirarse al mar para poder evitárselo. No sabía en qué momento había sucedido. No era ni remotamente el tipo de mujer por el que perdería la cabeza. En realidad, nunca había perdido la cabeza por ninguna mujer. Pero sus intentos de auto-engañarse habían fallado por completo. Y solo existía una razón por la que se había abierto paso entre su gente y golpeado a Gary para rescatarla. Solo una razón por la que se había interpuesto entre la bala y ella; Lottie le había robado el corazón a un pirata.
― ¡Eres un completo idiota! ¡Eres un pirata! ¡Hemos estado a tu lado todo este tiempo! ¿Qué ha hecho ella? ―le había gritado Gary cuando lo vio acercarse.
― No me ha traicionado ―Y sin detenerse le había asestado un puñetazo en la nariz que lo tumbó.
Cuando conoció a Gary, era un marinero con muy mala reputación. Estaba arruinado y no tenía familia. Vagaba de puerto en puerto en busca de bebida, buena compañía y alguien a quien estafar. Le ofreció un lugar entre sus hombres porque cuando el Jolly Roger atracó en Port Royal, fue el único que luchó a su lado en lugar de contra él en la pequeña refriega que hubo de la venta de "mercancía". En ese lugar, uno de los puertos piratas con más renombre, se ofrecía por las "mercancías" una suma acordada. Muchas veces, sino todas, el regateo terminaba desenvainando las espadas. Al recordar ese día, Garfio pensó que en lugar de la compasión y la oportunidad que le dio al desgraciado, tendría que haberlo matado junto a todos los demás, o bien dejarlo allí. Un hombre que vive del fraude no es un hombre del que te puedas fiar. Por desgracia, lo había podido comprobar del peor modo posible.
Una vez quitado de en medio el pirata que le impedía ir en pos de la joven, dejó la espada clavada en la madera del barco y se quitó la casaca tirándola al suelo. Y ante el asombro de Peter Pan, que mantenía al pequeño Tommy sujeto, y de su tripulación, junto a Smee, que se había mantenido prudentemente apartado, Garfio se tiró al agua.
Siempre le había gustado el mar, de otro modo jamás se hubiera convertido en un pirata. Pero desde que ese cocodrilo se comió su mano, no se atrevía a meter ni un pie en el agua. Era preferible ser prudente a que te amputaran otra extremidad por temerario. Todo cambiaba, al parecer, cuando el motivo superaba la prudencia. Y ni siquiera pensó en la posibilidad de que hubiera un reptil gigante acechando cuando se metió en el agua. Lo único que ocupaba su mente era la posibilidad de que Lottie no sobreviviera. Y tal vez fue en ese momento que se dio cuenta de que haría cualquier cosa con tal de mantenerla a salvo.
Eso precisamente era lo que habría querido decirle cuando el pequeño Tommy se abalanzó sobre ella visiblemente conmocionado. Sonrió a su pesar, pues si algo bueno tenía la inocencia de los niños era que expresaban sus emociones y sentimientos sin tapujos. A él, por el contrario, le resultaba imposible.
Así que, de entre todas las cosas horribles que había sufrido, definitivamente, recibir un balazo no era lo peor. En realidad, se sintió aliviado cuando Lottie se acercó a él corriendo, a salvo y preocupada... Sus manos temblaban y pudo ver lágrimas que nublaban sus ojos. Su imagen delante de él lo conmovió como nada lo había hecho jamás.
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Garfio
De Todo"Hace falta mucha fe, confianza, buenos pensamientos y polvos de hada para hacer creer en la magia a alguien que ha perdido la fe..." Charlotte Darling tiene 18 años recién cumplidos y un problema que parece incapaz de resolver. Su padre quiere casa...