22 | Igual y diferente.
Heather.
—¿Cocinando?
Jazz pega un respingo en el que casi se cae el crep que estaba intentando voltear. Gira su cuerpo para entornar los ojos, evidenciando que lo he asustado y yo me limito a reprimir una risa.
Avanzo hacia él, me pongo de puntillas para plantarle un corto beso en sus labios y giro el crep sin una pizca de dificultad.
Jazz abre la boca con indignación.
—Me ha costado hacer eso y me he quemado los dedos volteando los que ya están listos.—señala un plato con cuatro creps que, debo admitir, tienen buena pinta.
Esta vez no reprimo la risa que se me escapa.
—Cierto que no sabes cocinar.
Palpo su cabeza cual cachorrito.
—Pero lo he intentando...con ayuda de vídeos.
Muerdo mi labio para no volver a reír y al echarle un vistazo a su móvil, descubro que si tiene un vídeo pausado en el que una mujer explica cómo hacer creps.
—Aprecio el detalle.
Entrecierra sus ojos y luego termina de sacar el último con toda la dignidad del mundo.
—¿Dormiste bien?—pregunta, echándome un vistazo.
Le robo un trozo de fresa picada y asiento con la cabeza.
—Más que bien.
Reconozco una media sonrisa cargada de picardía creciendo en sus labios.
—¿Puedo ayudarte en algo?—inquiero cuando lo veo maniobrar con una jarra de jugo y un frasco de chocolate que saca de la nevera.
—No, está bien, sólo falta servir el jugo y aplicar el chocolate a los creps. ¿Te gusta con o sin chocolate?
—Sin chocolate.
Me mira como si me hubiera crecido otra cabeza. Ruedo los ojos con diversión.
—Venga, te ayudo a servir el jugo.
Mientras él le aplica el chocolate a sus creps y luego fresas a los míos, yo termino de verter el jugo en dos vasos. Una vez terminada nuestra tarea, chocamos los cinco emitiendo una risita para tomar asiento en los taburetes del mesón.
—¿Cómo quedaron?—pregunta tras ver que le doy el primer mordisco a su creación.
Le faltó un poco de azúcar, pero tampoco sabe horrible. Le alzo el pulgar.
—Un ocho de diez por ser tu primera vez.
—Bueno, no es una mala puntuación. Ya podría considerarme un chef profesional.
Se me escapa una risa que disimulo con una tos.
—Eres mala.—comenta con diversión.
Le lanzo un beso que lo hace sonreír.
Comemos en silencio y de tanto en tanto le envío miraditas. Luce cómodamente una camisa que deja al descubierto sus brazos y, por consecuencia, son visibles las manchas blancas creando un contraste con su piel bronceada.
Todos somos únicos, eso no es una mentira, sin embargo, es realmente triste que por algún rasgo que se tenga diferente al resto se reciba palabras hirientes, olvidando el hecho de que, quizás, ya esa persona tiene suficiente con sus propias palabras en forma de dagas dichas frente al espejo. ¿Por qué, simplemente, no somos más amables? Y no de una manera superficial. ¿Por qué cuesta tanto? Dicen que el mundo continúa girando y no sabes cuándo te toque ser el que recibe dagas en lugar de enviarlas...
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El poder de una sonrisa
Teen FictionAños de su vida fueron arruinados por el simple hecho de tener vitíligo. Él ya no tiene fe en las personas. Dice que la sociedad es nauseabunda, debido a lo podrida que está. Una sonrisa. Para algunos, quizás es lo más insignificante del mundo. Pa...
