Epílogo
Jazz.
Seis meses después...
La vida es hoy.
Es hoy, no mañana, ni pasado mañana o la semana entrante. ¿Qué esperamos para vivir el hoy? ¿Esperamos tener un accidente en el que por poco no la contamos? ¿Esperamos quedar sin una pierna, sin un brazo, sin manos o sin visión? ¿Qué es lo que realmente esperamos para intentar vivir? Si tan sólo con despertarnos cada mañana es motivo de agradecimiento por una nueva oportunidad. Sí, algunas veces, yo también veía cada despertar insignificante y aburrido, incluso me pesaba levantarme de la cama, debido a los problemas que acarreaba en ese momento, sin embargo, entendí algo que en su momento me parecía molesto y algo injusto: Los problemas siempre existirán, tarde o temprano nos atrapan. Lo mismo ocurre con nuestro estado de ánimo; es imposible mantenernos feliz constantemente, pues tarde o temprano alguna otra emoción nos atrapa, pero, ¡sorpresa! Llega el momento en el que volvemos a ser feliz, incluso con pequeños momentos.
No te estoy ofreciendo una idea blanca u oscura, te ofrezco una idea de la vida llena de matices.
Heather murió el día siguiente a ese último beso que nos dimos, y el cual aún siento plasmado en mis labios. Ella sabía que, por su enfermedad, tarde o temprano llegaría algo que la pondría en estado de vulnerabilidad, y ni todo el dinero que ofreció su padre, Brendan, pudo salvarla de las consecuencias de una hipoglucemia.
Heather Windsor se fue con una serenidad que a ninguno nos sorprendió, puesto que se encontraba en paz consigo misma al darse cuenta de que pudo lograr eso tan valioso y admirable que se propuso cuando le diagnosticaron diabetes a los dieciséis años: Vivir el hoy, pese a las circunstancias. Vivir el ahora, debido a que es la única oportunidad que tenemos.
Le echo un vistazo a una esquina de mi escritorio e inmediatamente puedo sentir el fantasma de una sonrisa empezar a tironear de las comisuras de mis labios. Observo una fotografía que nos tomó con su móvil en Navidad. Aún sin estar de manera física, Heather tiene el poder de sacar una sonrisa, y puedo apostar todo el dinero del mundo que su recuerdo siempre estará presente en cada persona que la conoció.
Sus fotografías, esas que con su preciada cámara y móvil sacó en los años de su vida, ahora se encuentran en un ancho y pesado baúl que conservan como una reliquia en la casa de sus padres. Hay tantas anécdotas guardadas en cada fotografía de ese baúl que, quien desee saber sobre quién fue Heather Windsor, sólo tiene que abrir esa reliquia—con cuidado o, de lo contrario, la reprimenda de Helen no tardará en llegar—. En el futuro, tal vez, sea el pequeño Harold el que se interese por conocer a esa pelirroja hermana que en vida lo amó desde el primer segundo.
—¡Jazz!
Volteo con brusquedad hacia la voz de mi hermano Jackson que, por cierto, después de estar a mi lado por varios meses, por fin me salió la palabra «hermano», y debo admitir que ese suceso nos hizo derramar un par de lágrimas.
—Hombre, ¿me quieres matar de un susto?
Emite una risita y se adentra a mi habitación.
Hace unas semanas atrás regresé a mi casa. Después de que Heather falleciera, regresar a casa y volver a mi soledad no se sintió tan bien como en algún momento lo fue. De noche me despertaba porque quería llamarla, o encendía la pantalla de mi móvil de manera inconsciente en la espera de un mensaje suyo. Jackson se dió cuenta de que en ese momento no podía dejarme solo y me hizo la invitación a quedarme en su departamento de manera indefinida, lo cual acepté. Además de ello, también se ofreció a llevarme a cada una de las sesiones que tengo con el psicólogo al que estoy asistiendo hace unos tres meses. Empecé a hacer las paces con el vitíligo. No busqué esa enfermedad, pero me tocó, y estoy aprendiendo a ver mis manchas en el espejo y no sentir un completo rechazo, a decir verdad, a veces me encuentro delineando las manchas con mi dedo índice. Poco a poco, empiezo a aceptarlas cuando jamás pensé en hacerlo.
Abrazo a ese chico que sufrió bullying. Abrazo a ese chico que odió ser él.
—Te llamé varias veces, pero no parecías escucharme—asegura Jackson, mirándome con atención—. ¿Quieres hablar, Jazz?
—No, estoy bien—ruedo los ojos cuando me da una mirada de ojos entrecerrados—. Acepto que hay días más difíciles que otros, pero siempre consigo motivos para salir adelante y mostrarle mi característica pequeña sonrisa a la vida.
Le prometí que siempre recordaría que estar vivo es una oportunidad. Y no pretendo romper mi promesa.
Jackson sonríe ante mis palabras y palpa mi hombro antes de sentarse en la orilla de mi cama, observando que retomo lo que hago en mi ordenador.
—¿Continúas escribiendo tu nueva novela?—pregunta con interés.
—Así es, y te agradezco que te retires, porque no me hace especial gracia escribir con gente a mi alrededor.
—Entendido. Me voy a dar una vuelta por ahí.
Voy a pedirle que compre alguna pizza para cenar, pero las palabras se quedan atascadas en mi garganta y los latidos de mi corazón se desenfrenan ante la notificación que le llega a mi correo electrónico.
—¿Qué sucede, Jazz? Tu expresión ha cambiado.
Trago saliva con dificultad.
—Es el correo...
Lo miro y él abre los ojos como un mismísimo búho.
—No me digas que... ¡Ábrelo!
Asiento repetidas veces con mi cabeza y percibo un leve temblor en mis manos cuando abro la notificación.
Un sepulcral silencio se instala en los próximos segundos y, cuando llego al final, tengo que pestañear unas cinco veces para saber que es real.
—¡Hombre, lo han aceptado!—exclama Jackson con genuina felicidad—. ¡Han aceptado tu libro!
Hace un mes atrás, me atreví a enviar el manuscrito del libro que escribí por y para Heather. Envié nuestra historia.
Por supuesto que el miedo estuvo presente, y claro que la inseguridad me abordó por no saber si el libro estaba a la altura de lo que otros esperan, pero, aún así, lo envié. Sabía que estaba la posibilidad de que lo rechazaran o aceptaran, y también sabía que iba a doler o a ponerme feliz, pero nada se compara con atreverme a intentarlo.
—¿No vas a decir nada?—me sacude Jackson al borde de la euforia—. ¡Lo aceptaron, Jazz! ¡Tu libro será publicado por una de las mejores editoriales de Londres! ¿No te pone feliz la idea?
Entonces, sonrío.
Y sonrío cuando observo nuestra fotografía en el escritorio.
Y sonrío entre lágrimas cuando me levanto de la silla para envolver en un abrazo a mi hermano, que me lo devuelve con una mezcla de euforia y alegría.
Y, tú, querido y valiente lector. Ríe, sonríe, llora, busca soluciones, enójate, grita, ten miedo, abraza el miedo. Tienes derecho a eso y mucho más.
La vida es una oportunidad, y a todos en algún momento se nos acabará.
FIN
(No estoy llorando, tú estás llorando😭🤚). Mis palabras en el siguiente apartado </3
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El poder de una sonrisa
Teen FictionAños de su vida fueron arruinados por el simple hecho de tener vitíligo. Él ya no tiene fe en las personas. Dice que la sociedad es nauseabunda, debido a lo podrida que está. Una sonrisa. Para algunos, quizás es lo más insignificante del mundo. Pa...
