Helado de fresa

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Sasuke

Naruto salió y, por primera vez desde que lo conozco, no traía esa enorme sonrisa que siempre lo caracteriza. Detrás de él salió una pequeña niña, igual de rubia, y supe que era su hermanita, esa de la que siempre habla.

Traía gafas puestas y algo en su postura me indicó que no estaba bien.

—¿Naru? —pregunté.

—Hola, Sasu… —respondió, con voz apagada.

Cuando lo tuve frente a mí, noté la enorme herida en su labio. Algo me hizo sospechar que bajo esas gafas ocultaba más. Lentamente acerqué mis manos a sus gafas; se apartó de inmediato. Lo miré molesto y lo tomé por los hombros, quitándole las gafas.

Sus ojos azules estaban hinchados, su rostro marcado por múltiples golpes apenas disimulados con maquillaje.

—¿Qué… te pasó? —pregunté, preocupado.

—No importa —dijo, apartando la mirada.

Arrebato las gafas de mis manos y se las volvió a colocar. Quería preguntarle más, pero la pequeña a su lado me miraba curiosa y supe que no era el momento.

—Hola, tú debes ser Ino —dije, cambiando de tono para no tensar la situación.

—Sí, hola —respondió ella tímidamente.

—Me llamo Sasuke. Me da gusto conocerte, al fin.

—Sí, sé quién eres. Naruto y Dei hablan mucho de ti —contestó, un poco más animada.

—¿En serio? ¿Y qué dicen?

—Que eres bueno —dijo con una sonrisa.

—Me alegra que piensen eso… Oye… ¿tú me dirás qué le pasó a Naruto?

Ella abrió los ojos, sorprendida, y miró a Naruto. Bajó la mirada, asustada.

—Yo… no sé… —susurró.

Sabía… claro que sabía. Pero solo era una niña y no quería presionarla más.

—Entiendo… ¿Quieres ir por un helado? —pregunté suavemente.

Su rostro se iluminó con una sonrisa.

—¡Sí! ¡Uno grande y de fresa!

—Bien… vamos por un helado de fresa —dije, y luego miré a Naruto. Acaricié su mejilla y besé sus labios con delicadeza.

—¿Y tú? ¿De qué sabor quieres tu helado? —pregunté.

Su voz se quebró y sonó triste.

—Chocolate… —respondió.

No era el momento de preguntarle más. Abrí la puerta trasera para Ino y después la de Naruto. Rodeé el auto y subí también. Estaba a punto de arrancar cuando el sargento abrió la puerta; ambos giraron el rostro violentamente al ver a su abuelo.

—¿Naruto? ¿A dónde vas? Deberías descansar —dijo Jiraya, serio.

—Solo… será un momento. Estabas durmiendo, por eso saqué a Ino —respondió Naruto, con voz tensa.

Jiraya miró a Ino.

—Baja, princesa… tienes tarea que hacer —dijo.

Ella miró sus manos y luego me miró, algo decepcionada.

—Será otro día… gracias, Sasuke —dijo Ino, y bajó del auto.

—Ve a la alcoba, no tardaré —dijo Naruto, y ella asintió.

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