Nadie toca a mis hermanos

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Naruto


—¡¿PERO QUÉ MIERDA?! —gritó Neji, y se lanzó sobre mí sin avisar. Sentí su puño estrellarse contra mi rostro como si fuera un martillo.

—¡¿QUÉ MIERDA ACABAS DE HACER?! —repitió, ojos desorbitados.

—¿No adivinas? —balbuceé, pero otra vez su puño me alcanzó y el mundo dio vueltas.

—Neji… —intervino Hinata, con esa voz que siempre tiembla cuando algo se rompe.

—¡CÁLLATE, ZORRA! —escupió él y la abofeteo con  fuerza

No lo permitíria Fue culpa mía, todo había sido culpa mía,  no dejaría que la lastimara. Lo empujé con todo lo que me quedaba de fuerza, salimos de la alcoba de hinata y cerré la puerta de un portazo.

Neji se incorporó del suelo, rojo de rabia, y volvió contra mí con violencia.

Esta vez esquivé. Fue mi turno. Le di un golpe que lo dejó tambaleando; verlo caer me dio una extraña mezcla de satisfacción y liberación.

—Sabía que eras una puta, pero no creí que llegarías a tanto —dijo con desprecio desde el suelo

—¿Y tú? ¿Hasta cuándo ibas a callarlo? —contesté entre lágrimas—. ¿Cuánto tiempo ibas a fingir conmigo?

Reuni todo el coraje que sentía y me abalanze nuevamente sobre el, golpeando su rostro con todas mis fuerzas, tenía ventaja el no podia defenderse

A un lado, Hinata gritaba que paráramos.

Su voz se quebró en llanto y su miedo me desgarró.

Me levante del suelo con la intension de consolarla pero, Neji me rodeó por detrás y con su brazo apretó mi cuello; sentí cómo se me escapaba la fuerza. Intenté golpearlo, patearlo, pero la posición me dejó sin opciones. Rebotamos contra las paredes, tirando sillas y algún vaso en el trayecto. Por unos segundos juré que no iba a volver a respirar.

Entonces, como empujado por una fuerza desconocida, me soltó. Caí de rodillas, tosiendo, intentando aspirar el aire que me faltaba. No tuve tiempo de recomponerme: Neji se lanzó otra vez, me tumbó y empezó a golpearme con rabia ciega. Sentí sus puños, la sangre, el calor en mi rostro. Hinata gritaba a pleno pulmón, llamaba a detenerlo, pero su voz se perdía.

Ella, en un acto de coraje, consiguió empujarlo con fuerza y lo lanzó hacia atrás. Entonces, sin pensarlo, me agarró de la mano y tiró de mí hacia la puerta.

—¡Vete! —me dijo—. ¡Neji te va a matar, vete!

—Lo siento… —logré decir, con la cara empapada de sangre y lágrimas.

—¡Vete! —me empujó hasta sacarme de su casa, me empujó como si con eso me salvara. Y yo me fui, tambaleando, con la garganta ardiendo y la sensación de que algo dentro de mí se había roto para siempre.






Deidara

—¿¡DÓNDE MIERDA SE METIÓ?! —bramó el abuelo desde la cocina cuando entré; su voz era filo.

—No sé… no contesta —dije, pero su mirada se clavó en mí como si yo tuviera la culpa del mundo.

—¡NO MIENTAS, ESTÚPIDO! ¿YA VISTE LA HORA? Si no vuelve en quince minutos en verdad va a lamentarlo—me abofeteó sin medir. El golpe ardió en la mejilla, pero no tanto como el miedo que sentía por Naru.

—Voy a buscarlo —respondí y salí con el corazon el mano, debia encontrarlo. No podía quedarme si hacer nada, estaba muy preocupado Naru nunca desaparecía así. Nunca habla con el abuelo pero a mi siempre me avisa en donde esta, estaba realmente asustado por el

Intocable Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora