Ahora menos que nunca

158 17 1
                                        

Naruto

Mi mente aún daba vueltas, aunque ya me sentía un poco mejor.
Tocaron a mi puerta y, sin esperar respuesta, comenzó a abrirse: era Deidara.

—Naru… vamos a desayunar… —dijo con voz suave.

—No tengo hambre —respondí, cubriéndome con las cobijas.

—¡No me importa! ¡Bajarás! ¡Y vas a desayunar conmigo! —insistió, tirando de las mantas.

Me aferré a las cobijas aún más fuerte.

—¡Déjame! —grité.

—¡No, Naruto! ¡Ayer no comiste nada! ¡Vamos! —respondió, firme.

Solté la cobija de golpe, haciéndolo caer de culo al piso, y sonreí con cierta satisfacción.

—¡Te dije que me dejaras en paz! —gruñí.

Me miró furioso.

—¡Ya fue suficiente! ¡Bajarás aunque no quieras! —dijo, acercándose y cargándome como si fuera un costal de patatas.

Intenté patearlo, pero solo conseguí recibir un puñetazo en las costillas. Pasamos junto a un sorprendido Itachi y, un par de minutos después, ya me dejaba en una silla del comedor.

Lo miré enfadado, pero tan pronto levanté la vista, mi enfado se convirtió en vergüenza: Sasuke estaba allí, con una media sonrisa, bebiendo café. Suspire; esto no podía ser más incómodo.

Intenté ignorarlo, y él hizo lo mismo, incluso cuando Deidara comenzó a alimentarme con la cuchara.

—¡Deidara, basta! ¡No soy un bebé! —protesté.

—¡Lo eres! ¡Obedece y come o voy a golpearte! —replicó.

Sin más opción, abrí la boca y comí lo que sostenía, pero las náuseas del cristal no me dejaron pasar de tres bocados.

—¡Ya no más! Termina de desayunar y nos vamos —dije, poniéndome de pie para subir a la alcoba.

—Naruto… siéntate, por favor —me pidió Itachi.

Lo miré enfadado.

—Ya no quiero.

—Bien… pero debo hablar con ustedes.

—No hay nada que hablar… —resoplé.

—¡Naruto, por favor! —insistió.

Lo miré con fastidio y nuevamente me dejé caer en la silla.

—Creo que ya fue suficiente… Ambos me dirán ahora mismo qué sucede —dijo Itachi con voz firme.

Miré a Deidara; él bajó la mirada de inmediato.

—No sucede nada —murmuré.

—¡Por Dios! ¡No soy idiota! Ese tipo en el bar… te golpeó, ¡y ni siquiera hiciste nada! Hasta para hablar parecía que pedías permiso —me reprochó.

Sasuke llevó su atención hacia mí, pero no dijo nada.

Itachi volvió su mirada a Deidara.

—¡Y tú! Estoy cansado de las mentiras… Dime de una vez qué sucede.

Deidara me miró nervioso; negué con la cabeza.

—Dei… vámonos… —susurré.

—¡Naruto, por Dios! ¡Puedo ayudarlos! —dijo Itachi.

—¡Deja de meterte en lo que no te importa! ¿Te crees que es tan fácil? —exclamé.

—¡Idiota! ¡Quiero ayudarlos!

Intocable Donde viven las historias. Descúbrelo ahora