Me tuve que cambiar rápido para poder llevarlo al hospital. En todo el camino recé para que no fuera nada grave.
-¡Maldita sea! ¿Por qué el semáforo tarda justo en estos momentos? Siempre los odié.
Ni bien se puso en verde, apreté el acelerador y no pensé frenar hasta llegar al hospital.
-Ya llegamos, bebé. -abrí mi puerta y corrí a la suya para sacarlo-. Vamos, despierta... ¡AYUDA!
-¿Qué le pasó? -un enfermero apareció con una camilla y lo recostó allí de inmediato.
-No despierta, está inconsciente desde hace unos minutos. Me dijo que le dolía la cabeza, últimamente tenía muchos mareos y dormía demasiado.
Se lo llevaron a una habitación. A los pocos minutos llegó el doctor. No me dejaron entrar, así que esperaba afuera con los nervios destrozándome.
-¿Cómo se llama el joven? -preguntó el enfermero que nos había recibido-. Necesito rellenar la planilla con sus datos. ¿Puede decirme nombre completo y edad?
-Jeon Yoongi, tiene 24 años. ¿Ya despertó? Necesito verlo, si no se pondrá nervioso.
-Cuando despierte le avisaré. Ahora mismo está con el doctor. También necesitamos su tarjeta de crédito para realizar algunos estudios, aquí se pagan.
-Sí, sí, claro. Iré hasta el auto a buscarla y volveré lo más rápido posible. Espéreme aquí, no tardo.
Corrí tan rápido que casi choqué con alguien, pero no me importó. Solo quería cumplir mi objetivo y regresar cuanto antes.
-¿Dónde está? ¡Juro que ya revisé cada rincón del maldito auto y no aparece!
Sabía que los nervios nunca ayudan a encontrar nada, pero no lograba calmarme.
-Ya sé... -abrí el baúl-. Yoongi, siempre escondía cosas en lugares raros.
Corrí otra vez al hospital y me encontré con el doctor. Tragué saliva al ver la seriedad en sus ojos; no auguraba nada bueno.
-La clave es 2909, gaste todo lo que necesite. -dije mientras recuperaba el aliento-. No limite gastos en su tratamiento.
-¿Es usted Jeon Jungkook? -asentí despacio-. Soy el doctor Kim Namjoon. Acompáñeme a mi consultorio, necesito hablarle sobre su esposo.
Caminé con un nudo en la garganta imposible de tragar. El doctor llevaba una carpeta llena de papeles y su mirada era demasiado sombría.
-Su esposo está delicado de salud. -mis ojos se abrieron de par en par y sentí que el corazón se me encogía-. Necesitamos hacerle varios estudios para saber con exactitud qué tiene.
-¿Delicado? ¿Cómo así? Él me dijo que estaba bien y ahora me sale con esto...
-Necesita quedarse en el hospital para averiguar qué ocurre y recibir tratamiento.
-Pero... ¿ya despertó, verdad? Necesito hablar con él y saber si está bien.
-Todavía no. Faltan algunos estudios más que requiere su condición.
-¿Puedo quedarme con él? Prometo no molestar... no quiero dejarlo solo.
-Lo entendemos. La enfermera le indicará en qué habitación está.
Entré a la habitación con el ánimo por el suelo. Lo vi conectado a un respirador y con suero.
-Disculpe, ¿por qué tiene un respirador? Solo fue un desmayo.
-Su respiración está débil. El respirador le ayuda. Apenas se estabilice se lo quitaremos.
Me senté en un sillón. Cuando la enfermera salió, no resistí: busqué información en internet, pero nada parecía alentador.
-Me parece que no quieres empezar a trabajar y por eso decidiste enfermarte... -murmuré intentando sonreír.
Le tomé la mano, acaricié su rostro e intenté contener las lágrimas, pero me traicionaron.
-Despierta... no puedes dormir tanto. Solo fue un simple desmayo. Yo sabía que no debía haberte hecho caso... debí llevarte al médico aquel día.
-Disculpe... -la voz de la enfermera me sacó del trance. Sequé mis lágrimas-. Son recetas para algunos tratamientos. Estos medicamentos no se consiguen aquí, debe comprarlos en una farmacia.
-Está bien. ¿Serán muchos los estudios o tratamientos?
-Aún no sabemos por qué se desmayó. Haremos varios tratamientos y veremos cómo responde. Luego análisis de sangre y otros estudios cada tres o cuatro días para verificar avances.
-Muchas gracias. Voy a la farmacia y en un rato los traigo.
Tomé la receta y fui al auto. No veía la hora de regresar a su lado.
-¿No tiene una marca más barata? -pregunté al farmacéutico. Negó varias veces. -Está bien, deme uno.
Revisé el saldo: mis ahorros de toda una vida estaban desapareciendo.
-Buscaré otra forma de conseguir dinero. No quiero endeudarme con un banco, mucho menos con un prestamista.
Regresé al hospital y me entregaron otra receta. Esta vez caminé para ahorrar combustible.
-¿Por qué están tan caros los remedios? Este cuesta el doble del anterior...
-¿Va a comprarlo o no? Hay más gente esperando.
-Sí, démelo. Use esta tarjeta.
Pagué y salí con el medicamento. El viento fresco de la madrugada fue lo único reconfortante.
-Aquí tiene. ¿Ninguna novedad? Ya pasó mucho tiempo inconsciente.
-Estamos haciendo todo lo posible. Por ahora solo queda esperar.
Regresé a la habitación, le sostuve la mano hasta que me venció el sueño.
-Buenos días, señor. Llevaremos a su esposo a realizar una resonancia magnética.
-Buenos días. ¿Con eso sabrán qué tiene? Aún no despierta.
-Quizá nos acerque un poco. Creo que su esposo se está tomando su tiempo.
-Él siempre se toma su tiempo... solo espero que no sea algo peor.
-Puede esperar aquí o en la sala de espera. También recuerde que puede comer, en el primer piso hay un sector para eso.
-Gracias. ¿Tardará mucho?
-Entre 45 minutos y una hora. Un enfermero vendrá a avisarle cuando termine.
Me quedé un rato en la habitación, luego bajé a comer algo. Una hora después, en lugar del enfermero, apareció el doctor.
-¿Ya saben qué tiene? -pregunté temblando—. ¿No es nada grave?
-Siéntese, por favor. -respiré hondo, presintiendo lo peor-. Su esposo tiene cáncer cerebral. Necesitamos operarlo y tomar una muestra para identificar el tipo.
-Eso... eso es imposible. ¡Solo fue un desmayo! No puede ser... me niego a creerlo.
-Ahora que sabemos lo que tiene, podemos darle la medicación adecuada para reducir el tumor y liberar presión. Eso ayudará a que despierte.
-¿Cuándo podrán operarlo? Quiero verlo despierto cuanto antes.
-Cuando el tumor disminuya un poco. Después de la cirugía podremos informarle lo que tiene.
-Muchas gracias, doctor. Iré con él. Por favor, avíseme de cualquier detalle, por mínimo que sea.
Salí de la oficina con el corazón desbocado, tratando de no admitir lo que acababa de escuchar: que mi esposo tenía esa horrible enfermedad.
ESTÁS LEYENDO
Mi Último Respiro
Short StoryJungkook y Yoongi estaban felizmente casados,se habían mudado juntos y estaban queriendo adoptar a su primer hijo,pero al parecer el destino tiene planes totalmente diferentes para ellos dos. Quédense a averiguar que pasara en sus vidas ¿estas disp...
