7

136 16 4
                                        

Él dormía con tanta tranquilidad que no sintió cuando me levanté para ir al baño.

—¡Mierda! La cabeza me explota… Si tomo el remedio ahora, el siguiente recién será dentro de ocho horas.

Busqué y busqué, pero no encontré la caja. Supuse que Jungkook la había cambiado de lugar.

—Seguro él me dará uno, pero primero me hará mil preguntas… y no tengo fuerzas para responder.

Salí del baño, me acosté a su lado con un paño frío en la frente e intenté dormir.

—Amor, ya es hora de irnos a lo de tus abuelos. Empaqué toda la ropa.

El vuelo no tardó mucho. En pocas horas llegamos a nuestro destino.

—Amor… —toqué levemente su hombro— ya estamos por aterrizar. Ponte el cinturón y acomódate bien.

El viaje terminó. Nos dirigimos al alquiler para descansar. La cabeza me dolía cada vez más y la vista se me nublaba. No quería contárselo, no todavía.

—Amor… —lo miré, él sonrió— tengo que ir a buscar el medicamento. Solo trae dos pastillas por caja y ya no las tenemos.

—¿Tienes la plata? —me miró en silencio. —No me hace falta ese medicamento… estoy bien.

—No empieces. Iré a buscarlo, como sea. Tú quédate en la cama hasta que regrese. No me importa si tardo horas, necesitas descansar, ¿me oyes? Lo digo en serio.

—Vete entonces. Yo dormiré… y si despierto antes de que vuelvas, arreglo algunas cosas.

Me dio un beso corto en los labios y se fue con el rostro cargado de preocupación. Apenas escuché la puerta cerrarse, me levanté. Tomé el remedio que me había dado el doctor y caminé hasta la casa de mi hermano.

—Yoongi, tanto tiempo… ¿Qué haces por acá?

—Vine a verte, hermano. Necesito plata y tú…

—Y yo no te daré nada. No estoy obligado. Desapareciste de la faz de la tierra. Papá murió y ni siquiera lo despediste. ¿Y ahora vienes a buscar parte de la herencia? Deja de joder y vete antes de que mis hijos te vean.

—Me estoy muriendo… —se detuvo, me miró fijo—. Me quedan tres meses como mucho. Jungkook ya no puede con las deudas, vendió todo lo que teníamos. Necesito dinero para…

—No me importa que te estés muriendo. Te lo dije en su momento y te lo repito ahora: jamás vuelvas aquí. No quiero verte ni en figuritas.

—¿No te importa que esté muriendo? ¿Aún vas a mantener ese orgullo intacto?

—¿Y a ti te importó que papá muriera? Le diste la espalda y ahora yo hago lo mismo contigo.

—Papá no quería que me case. Quería tenerme en casa, como su sirviente.

—Papá quería tenerte cerca. Quizás no usaba las palabras correctas, pero lo único que deseaba era tenerte a su lado en sus últimos momentos. Nunca te prohibió casarte, solo quería que no lo abandonaras.

—Tú estuviste con él y…

—Sí. Estuve. Y no me arrepiento. Pero todavía tengo pesadillas de cómo se veía en sus últimos momentos… —antes de irse, giró la cabeza—. Él te llamaba. Y ahora me alegro de que al menos dejara de sufrir. Ahora te toca a ti. El karma es increíble… y veo que ya te alcanzó.

Pateé una piedra y me di vuelta para irme. Necesitaba encontrar dinero, lo suficiente para ver un último atardecer en ese lugar hermoso.

—¡Hola, tío! —apareció un niño de unos ocho o nueve años, con anteojos y cachetes redondos—. ¿Cómo has estado? ¿Quieres que llame a papá y le diga que estás aquí?

—No, gracias. Ya me iba… estaba de pasada. ¿Cómo has estado tú? ¿Eres Hoseok, verdad?

—Sí, soy Hoseok. Y mi hermana se llama Rosé. Te lo digo porque seguro lo olvidaste… nunca nos visitaste.

—Cosas de adultos… que no importan hasta que te estás muriendo y llegan los arrepentimientos.

—¿Te estás muriendo? Porque si no, no entiendo por qué viniste ahora, cuando antes nunca lo hacías.

—No, no… vine a intentar hacer las paces, antes de volver a casa.

—¿Nos volveremos a ver? En un mes mi hermana cumple 15. Tratamos de invitarte, pero nunca respondías. Ella quiere que estés ahí… quiere que arregles las cosas con papá. ¿Podrás venir? Ella de verdad te extraña, tío. Y quiere un regalo especial.

—Lo intentaré… será nuestra promesa secreta. Ahora dime, ¿cuál es ese regalo especial?

Charlamos un rato. Pero el dolor volvió, tan fuerte que apenas podía mantenerme en pie. Regresé al alquiler, intenté tomar otra pastilla, pero en la caja decía una cada ocho horas… y solo habían pasado dos.

Me acosté. Y rompí a llorar. Lloré hasta ahogarme en mi propio vacío. Un hueco en el pecho que no me dejaba respirar.

—Amor… —tenía los ojos enrojecidos, también había llorado—. ¿Qué te pasa? Ven aquí… te abrazo. Estás a salvo conmigo, estás cuidado. Ya pasó, pequeño, ya pasó.

¿Era este el vacío y el dolor del que habló el doctor? No lo quiero sentir. Es horrible. No quiero esta sensación.

—Conseguí el remedio —dijo Jungkook—. Y también logré que la asistente social nos diera un turno.

—¿Qué? Dijeron que podía tardar años conseguir uno…

—Es verdad. Pero si alguna madre quiere dar en adopción a su bebé y nos elige… es más rápido.

—Fue todo tan de golpe. Pensé que tendríamos meses para estabilizarnos antes de dar ese paso.

—Yo también… pero casi mueres. Verte inconsciente me hizo decidir.

—Debías hablarlo conmigo antes…

—Siempre quisimos un hijo. Ahora hay una oportunidad, sin gastar plata. ¿De verdad quieres dejarla pasar?

—Es que… tengo cáncer y…

—Tenías cáncer. El doctor dijo que ya no. Estás limpio. Te operaron. Ahora puedes recuperarte y cuidar de ese bebé.

—Es que…

—Dime que no me mentiste. Dime que de verdad estás bien.

—Sí… estoy mejor, pero es pronto para adoptar. Seguimos en quiebra.

—Ya verás cómo salgo adelante. Yo me encargo de la adopción y del dinero.

—Pero…

—No hay peros. No tienes cáncer. Y la chica dará a luz en seis meses.

—Seis meses… Eso es demasiado. No sé si voy a seguir vivo cuando ese bebé nazca.

—No digas eso. No me mires como si fueras a dejarme. Logré la adopción, y también voy a mejorar nuestra vida.

—¿Y si estoy pensando en dejarte?

—Te daré todas las razones para que no lo hagas. Eres mi esposo. No puedes abandonarme.

—Lo sigo pensando porque…

—¡No lo hagas! Esa frase no la quiero volver a escuchar. Y para que se te borre de la cabeza… ven a la cama.

—¿Veremos una película?

—Yo te haré una película. ¿Recuerdas 365? Pues la haremos en vivo y en directo.

Me tomó de la cintura, con cuidado, y fuimos a la cama.

Mi Último Respiro Donde viven las historias. Descúbrelo ahora