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Ya había pasado el tiempo de estar hospitalizado, pero el doctor no se sentía cómodo dejándome salir.

—Le haré una prueba más. Será la última, quiero descartar por completo algo.

—Jungkook vendrá enseguida y no me dará tiempo de esperar el resultado. No quiero que manden nada de mi estado a mi casa.

—Si es lo que estoy pensando, no tendrás tres meses de vida… será mucho menos y…

—Doctor, ya sé que voy a morir, y no me importa cuánto tiempo realmente me queda. Cuanto menos pienso en eso, mejor para mí.

—Eso todos los pacientes lo dicen… pero la verdad es que, una vez llegando al punto de partida…

—Amor —dijo Jungkook entrando mientras revisaba el celular—, ya salió el pasaje para irnos a lo de tus abuelos. ¿Me perdí de algo?

—No —contestó el doctor sonriendo—, solo le estaba diciendo que tengan un buen viaje y que no se olvide de tomar sus remedios.

—Me haré cargo de todo eso, Doc. No hay nada que su buen esposo no logre hacer.

Nos despedimos del doctor y subimos a un remis que estaba en la entrada. Yo subí primero y luego lo hizo él.

—¿Por qué no trajiste tu auto? Sería más fácil movernos con él.

—Porque olvidé llenarle el tanque y se quedó sin gasolina. Está estacionado en mi trabajo.

Lo miré a los labios, y él apretó la boca en una línea recta. Ese gesto significaba que me estaba mintiendo.

Al llegar a la casa agarré la cartera donde tenía algo de dinero guardado y se lo pasé. No era mucho, pero servía de algo.

—Aquí hay plata para cargar algo en el tanque. Mientras yo acomodo, puedes ir…

—Está bien, solo guarda la plata. No es necesario cargarlo porque no lo vamos a usar todavía. Lo haré cuando vuelva.

—Me estás mintiendo. ¿Acaso piensas que no me daré cuenta? Dime ahora: ¿dónde está el auto?

—Lo tuve que vender. No pensé que realmente costarían tanto los remedios… y la cirugía explotó mi tarjeta.

—¡Debiste haberme dicho eso antes! Ahora vendiste tu auto, el mismo que te costó tanto conseguir.

—Conseguí algo mucho mejor. —Lo miré confundido—. Una vida más larga a tu lado. ¿Qué importa un auto si puedo despertar cada día y ver tu hermosa cara?

—No me harás pasar el enojo con esa frase tan cursi. —Dije sonriendo—. Estás muy equivocado, señor.

—Ya sé qué haré para que se te pase ese enojo. Iré a comprar algo que sé que te va a encantar.

—No. —Él me miró y yo solté un suspiro—. Estamos en quiebra, deja de malgastar en cosas que no son importantes.

Él solo asintió con la mirada baja, y yo guardé la plata para usarla en los medicamentos.

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Levantarse era un verdadero desafío. La cabeza me dolía, pero no quería preocupar a Jungkook más de lo habitual.

—Está el desayuno. Te ayudo a ir a la mesa y después limpiaré todo.

—¿Por qué estás tan apegado? Tienes que ir a tu trabajo o serás despedido.

—Ya lo sé, pero quiero verte desayunar y después me iré. No te preocupes por mí,hazlo por ti.

Me dio las pastillas y revisó cuántas quedaban. Contó con los dedos y después agarró la receta.

—¿Por qué tomas la receta? Eso solo es para los dolores, no es tan importante.

—El doctor dijo que las primeras semanas te dolería mucho la cabeza. Me indicó qué pastilla no debía faltarte, y esta es una de ellas.

—Pero no hay plata, y creo que ya gastaste más de lo que debías.

—Sí hay. Vendré más tarde con este remedio… y una sorpresa para ti.

—No tengo ganas de sorpresas hoy. Mejor durmamos juntos, para mí ese es un plan muy bonito.

—Duerme entonces. Yo iré a comprar y regresaré, no tardaré tanto.

Me dio un beso y cerró la puerta. Yo me acosté, con la idea de dormir un rato antes de que me volviera el dolor.

—Yoon. —Abrí los ojos y vi a Jimin con Tae—. Sorpresa, y aquí están tus remedios.

—No fuiste capaz de mandar ni un solo mensaje. Me enteré por Jungkook que a mi mejor amigo le abrieron el cerebro.

—No grites tanto, me duele la cabeza. Además, fue algo muy apresurado.

—No grité, apenas murmuré… y tú me dices eso. ¿Seguro que estás bien?

—Sí…

—¡Ok! Iré con Jungkook a preparar la comida y dejo que Tae te cuide.

Sonrió, revisó mis remedios y su cara cambió por completo.

—¿Qué pasa? Sé que son muchos, pero los tomo muy separados.

—¡No te recuperaste! Mi mamá tenía esta enfermedad y le dieron las mismas pastillas.

Mierda…

—Estás equivocado. Ya me operé, y por ende estos remedios son…

—No me mientas. Te pueden operar para sacar una muestra del tumor y saber si es fatal o no. A mi mamá también la operaron y le dieron justo estos remedios… con la condición de que se iba a morir igual.

Ya no podía mentir. Ahora solo debía pedirle que guardara el secreto.

—Es verdad… pero por favor, no digas nada. No quiero que Jungkook se entere.

—Lo sabrá. Mi mamá moría de dolor, empezó a sangrarle la nariz, olvidaba cosas… su humor era muy distinto.

—¿Cuánto tiempo vivió tu madre? El doctor me dijo que quizás yo tenía entre tres y once meses.

—No duró lo que dijo el doctor. Una vez que supo lo que tenía… eso la consumió muy rápido.

—Yo solo quiero pasar el tiempo con Jungkook y disfrutar de este día.

—Lo lamento, pero no tienes idea de lo que vas a pasar. Es horrible atravesar quimios, pero es aún peor no tratarte.

—Yo no…

—¡Llegamos! Algo muy liviano para el enfermito y algo bien cremoso para mi novio.

—Jimin hizo todo el trabajo, yo solo observé. Así que no sé qué tan rico quedó.

Miré a Taehyung, rogándole que no dijera nada. Él me observó y negó con la cabeza. Suerte la mía…

—¿Está muy rica esta comida, o es porque la del hospital era horrible?

—Es horrible, por eso mañana traeré una torta bien dulce, para que se te vaya el sabor al hospital.

—Eres mi mejor amigo…

—Tu único mejor amigo. Solo imagínate todas las cosas que aún nos faltan por hacer.

A ti quizás… porque yo no creo vivir tanto para cumplir todo lo planeado.

—Ya es tarde, creo que Yoongi necesita un descanso.

—Es verdad, yo y Tae ya nos vamos. Por favor, si te duele algo, avísame, Yoongi.

—Sí. Gracias por venir. Dentro de dos días nos vamos a la casa de mis abuelos, así que no nos veremos por un rato.

—Está bien. Cuídense, y cuando vuelvan nos juntamos otra vez.

Tae le dijo a Jimin que me diera un fuerte abrazo. Él sabía que quizás yo no sería el mismo al regresar del viaje.

—Al fin nos quedamos solos. Voy a limpiar la mesa y después haré un poco de té.

Mientras lo escuchaba, me dormí. Estaba demasiado cansado para seguir fingiendo que aún podía.

Mi Último Respiro Donde viven las historias. Descúbrelo ahora