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Seokjin juntó toda mi ropa. Yo sequé mis lágrimas y dejé la dirección.

-Maldito bastardo -Seokjin conducía mientras lo insultaba.

-Solo está enojado porque no le dije nada. Por favor, no lo insultes de esa manera.

-Pero... Yoongi, tu nariz -toqué el líquido que salía-. Aquí no tengo nada para detener el sangrado.

Condujo un poco más y se detuvo en una farmacia. Él bajó y yo empecé a ver borroso.

-Mierda... -intenté agarrar mi celular-. Necesito avisarle a Jungkook... yo...

Cerré los ojos pensando que al abrirlos vería mejor, pero ya desperté en una cama.

-Al fin... -se notaba el nerviosismo de Jin-. Casi te llevo al hospital.

-Hospitales no... ¿Qué pasó? Estabas por comprar algo en la farmacia.

-Te desmayaste cuando estabas a punto de marcar el número de ese idiota. Llamé al doctor para que te atendiera aquí. ¿Sabes lo que me costó?

-Amor... -alguien ingresó a la habitación-. No le hagas caso a tu hermano, le gusta molestar a las personas muy a menudo.

-Hace mucho que no nos vemos, cuñada. Lamento haber llegado sin avisar.

-Sí, fui avisada. Tu hermano me mandó un mensaje para que prepare comida porque dice que estás muy flaco.

-No lo dije solo yo, hasta el médico lo dijo. ¿No comías o qué?

-Seokjin... -mi cuñada se acerca a él-. A veces no hace falta que digas todo lo que piensas.

-Está bien. Quizás en este último tiempo me he descuidado con la comida.

-¿Solo con la comida? No has ido a un examen médico desde hace años. ¿Qué carajo hacías con Jungkook que no te controlabas? Sabías que podías sufrir cáncer y quizás llegar a tiempo o...

-¡No teníamos plata! Para pagar una cirugía, Jungkook vendió el auto que le regaló su padre antes de fallecer. Pagábamos un alquiler que aumentaba casi cada mes y me daba miedo saber la verdadera razón del dolor de cabeza.

-Hubieses ahorrado, ahora tu cáncer se expandió más rápido. Si lo hubieran detectado a tiempo, quizás...

-Lo dices tú tan fácilmente, pero no estuviste conmigo y no sabes un...

-Porqué te fuiste ¡Nos dejaste solos y ahora tienes el descaro de decir que no estuve contigo y que no se nada.

-Paren de pelear, porque ninguno de los dos tiene la mente fría -Jin salió de la habitación al escuchar eso y mi cuñada se acercó-. Los niños quieren verte. Una de las empleadas les dijo que viniste y no te han visto en mucho tiempo.

-Seokjin jamás me va a perdonar por haberlo dejado, y ahora tiene que pasar por lo mismo otra vez.

-Lo conozco desde hace años y sé que actúa así porque tiene miedo. Sus palabras hirientes son solo un escudo para que piensen que no le importas, pero si escucharas cómo me llamó desesperado ese día en el alquiler o cuando me pidió que prepare tu comida y me dijo lo que más te gusta. Tu hermano finge ser fuerte, pero por dentro está destruido y sabe que, si lo demuestra, no dará seguridad al paciente.

-¿Pasó lo mismo con nuestro padre? Él fingía no sentir nada.

-Sí. El psicólogo le dijo que actuara así para dar seguridad al paciente y que pudiera apoyarse en su hijo al verlo fuerte. Seokjin entraba seguro cada vez que veía a su padre y al salir lloraba como niño, pero tu padre sentía que Seokjin era fuerte y, cuando se sentía mal, lo llamaba. Así no sentía que dañaba a su hijo. No sé si me expliqué bien, no soy buena explicando.

Ella me dejó un rato después de decir eso y yo me levanté para ir a buscarlo.

-Tío... -la niña corrió hacia mí-. Te extrañé un montón. Cuando la chica me dijo que estabas aquí no lo podía creer.

-La vuelta de la vida. ¿Estabas buscando a tu papá? ¿Sabes dónde está?

-En la cocina. Está preparando la comida. ¿Te llevo o recuerdas el camino?

-Llévame. -Ella me comentaba cosas de su escuela mientras caminábamos.

-Espero ser una gran médica.

-Ojalá lo logres. Los médicos son muy importantes en esta sociedad.

Ella sonrió y, al llegar al comedor, vi varias bolsas de la farmacia.

-Hija, ve con tu hermano y yo los llamo cuando esté la comida.

Ella me dio un beso rápido y salió del comedor. Yo revisé el contenido de las bolsas.

-El doctor dijo que compre eso. Tienes que tomar varios remedios y también un jugo con vitaminas para que tu cuerpo soporte los medicamentos e intente aumentar un poco de peso.

-Gra... -encontré el recibo de la farmacia-. Gastaste una fortuna en estos remedios. No debiste gastar nada por...

-Si no los quieres tomar, tíralo. Porque estos remedios deberías haberlos tomado hace mucho y te hiciste el estúpido. Y no me digas que no. ¿Cuántas recetas le ocultaste a Jungkook?

Sabía que tenía razón y me estaba ayudando demasiado como para ser un malagradecido.

-Gracias -fue todo lo que respondí mientras revisaba cuál debía tomar-. ¿Tienes mi celular?

-Sí -al tomarlo quise revisar si tenía llamadas-. Un tal Taehyung llamó. Fue el único hasta el momento.

Quería llamar a Jungkook, pero a esta hora trabaja y nunca responde.

-Ya está la comida -los tres ingresaron al comedor-. Los niños ya tienen hambre.

Me acomodaron en la mesa. Hoseok parecía recién levantado.

-Tío, cuando mi mamá dijo que estabas aquí no lo podía creer.

-Nadie lo hubiera creído. -Luego vi el plato con comida-. ¿Aún te acuerdas?

-Solo es comida. Si me acuerdo o no, no es el tema principal.

Empecé a comer. Hacía mucho que había perdido el sabor de una buena comida. Recordé cuando era pequeño y comíamos en familia.

-Tío, ¿qué sueles comer normalmente? Veo que ya vas por tu tercer plato.

-Arroz salteado con verduras o con queso. Depende del día del mes.

-Qué pobre -respondió ella-. Te pierdes muchas comidas deliciosas por solo comer arroz. Le diré a mi mamá que cocine mi plato preferido.

-No todos pueden comer lo que tú comes -agregó Hoseok.

Ellos empezaron a debatir entre sí. Parecía una pelea típica que solíamos tener Seokjin y yo.

Me reí al verlos. Seokjin también, y nos dimos cuenta de que a los dos nos llegó el mismo recuerdo.

-¿Te vas a quedar mucho tiempo? Quería saber si puedes quedarte para el día de mi cumpleaños.

-Hija... -mi cuñada la llamó-. Hay que juntar los platos y dejar que el tío descanse.

Intenté caminar para irme a acostar, pero una pierna falló y casi caí.

-No te asustes -dijo Seokjin rápido-. A veces a papá le pasaba lo mismo. Solo pierdes por un rato o algunas horas el movimiento de las extremidades.

Intenté no llorar y él me ayudó a ir a la cama. Al estar ahí, me trajo el remedio y un balde.

-Por si te dan ganas de vomitar. También traje toallas por si sudas por los remedios y una bolsa térmica por si pierdes calor.

-Vuelves a revivir una pesadilla. Lo siento tanto por los problemas que te estoy causando.

-Prefiero que estés aquí y saber que tus últimos días estuviste bien, a que estés con ese idiota y no sepa cómo ayudarte.

Cerró la puerta. Intenté no llorar porque sabía que me iba a doler la cabeza.

Mi Último Respiro Donde viven las historias. Descúbrelo ahora