Capítulo 8 - La llamada.

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<<...y aun así, somos incapaces de comprender su silenciosa llamada.>>

La tranquila mañana concurría al igual que cada otro día recurrente: los pokémon caminaban bajo los rayos brillantes del sol y por las voraces sombras de la gran muralla negra de Finigen. Algún que otro vendedor se paraba en medio de las calles hechas de tierra, cuyos constructores no eran más que los propios caminantes sobre ella.

Uno que otro wingull surcaba los cielos y se alejaba junto a las formas que sus otros compañeros realizaban; en bandadas, volaban hasta desaparecer por la lejana costa, done solo el mar estaba allí para detenerlas.

Sin embargo, como cualquier otra escena, siempre había ese elemento que rompía con el pacífico silencio que rondaba por el poblado de las afueras.

Algunas veces era un pequeño joven que daba una pataleta porque no le querían comprar un juguete que había visto por el cristal de una tienda, otras veces era solo una discusión acalorada entre dos campesinos por quién tenía las mejores verduras y el mejor campo de cultivo; cosas normales.

Pero esta vez, no fue ni un niño ni una discusión la que rompió la tranquilidad, sino los agudos gritos que provenían desde el cielo. No era ningún salvaje que se había golpeado contra una torre, ni la llamada del fin del mundo o algo parecido.

Era, en cambio, un mudkip que estaba cayendo desde lo más alto de la muralla, agarrado a un toxtricity quien se había tirado en picado hacia el poblado.

—¡¡¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAH!!! —Sus gritos volaban entre el aire mientras cerraba los ojos, esperando la suave (bueno, no tan suave que digamos) caída hacia el suelo.

<<No tuve que haber ido aquí, ¡no tuve que haberle seguido en absolutamente nada! ¡Me arrepiento de tantas cosas que ni siquiera sé cuáles son!>> Tajo pensaba para sí mismo, sosteniéndose y clavándose como una estaca sobre Alkrad, quien parecía no estar nervioso. <<Adiós... ¡Adiós, vida cru-!>>

Pero todos sus pensamientos, junto a sus gritos, fueron ahogados al caer adentro de algo mullido y suave que amortiguó su caída. No podía ver nada tras la gran capa de cosas pequeñas y amarillentas que bloqueaban su vista, y que habían llenado un poco su boca.

Se intentó mover a todos lados, no obstante, su cuerpo no era exactamente el más fácil de utilizar. Todavía no entendía cómo girarse utilizando solo cuatro muñones que no tenían dedos suficientemente grandes. Fue ahí que intentó utilizar sus aletas a voluntad, moviéndolas para tirar todo el heno abajo, aunque solo fue capaz de apartar un poco de su vista.

—¡Y aquí estás! —Escuchó a Alkrad con un tono bastante aliviado, sacándole de tal aprieto— Menos mal... ¿Te encuentras bien?

—¿...Po-Por qué? —Fue su única pregunta. Sus ojos todavía estaban blancos del miedo, y sus patas sacudiéndose rápidamente.

—Lo siento, se me olvidó que no estás acostumbrado a ese tipo de caídas —Alkrad suspiró, ayudándole a bajarse y a ponerse de pie—. Era la única manera de llegar aquí rápido y sin un guardia enterándose. En la puerta principal, los guardias siempre hacen revisiones de cada persona que pase... Y no podíamos arriesgarnos.

Mientras explicaba, él recogió la mochila que llevaba el mudkip en su espalda, revisando que el libro estuviese allí en perfecto estado.

—Phew, menos mal... ¡Está intacto!

—¿Para qué es ese libro? —preguntaba Tajo con algo de preocupación y curiosidad... ¿Qué tan valioso era ese libro (y qué tan ilegal) para que tuviera que optar por saltar desde lo alto de una enorme muralla?

Pokémon Mundo Misterioso: Tempus FugitDonde viven las historias. Descúbrelo ahora