Mi hermano siempre ha sido mi refugio. Pero incluso los refugios pueden arder.
Alegre ha aprendido a sobrevivir en la rutina. Entre heridas que no se ven y un hermano que siempre la rescata, su vida es una montaña rusa de emociones intensas. Pero c...
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Al día siguiente me levanté con una sonrisa que no podía borrar. Bajé las escaleras tarareando I Wanna Be Yours de Arctic Monkeys, mientras mis manos preparaban el desayuno para mi hermano con una energía que no sentía hace tiempo.
—You call the shots, babe. —canté un poco más alto, dejando que mi voz llenara la cocina.
—I just wanna be yours. —me respondió una voz ronca y somnolienta desde el umbral.
—Buenos días, hermanito. —dije con cariño.
—No me digas eso justo después de haberme despertado con tu horrible cántico. —se burló, frotándose los ojos.
—Pues no hay batido de chocolate para ti, Wesley. —crucé los brazos, fingiendo estar molesta.
La risa ronca de Brandon resonó en la cocina y se convirtió en una melodía cálida que hizo que el ambiente se sintiera acogedor, incluso más de lo habitual.
—No te enojes, hermanita. —dijo, mientras sus dedos se enredaban en mi cabello y me daba un suave beso en la cabeza.
Sonreí, sintiendo que esos pequeños momentos eran mi refugio.
—¿Puedo acompañarte al trabajo? —pregunté con voz melosa, poniendo los ojos más grandes que pude.
—¿Te dieron el día libre hoy? —me miró confundido.
—Es una larga historia. Pero te la resumo rápido: lancé mi delantal a la cara del ligue de mi jefe y, probablemente, no quieran volver a verme en la pizzería. —solté una risita nerviosa, tocándome el pelo, incapaz de ocultar la vergüenza.
—Wao... Creo que estuvo demasiado resumido, necesito más contexto, hermanita.
—Te doy una descripción extensa del calvario cuando estemos en la veterinaria, ¿vale?
—Perfecto. —dijo señalando la batidora —Voy a cambiarme, déjame un poco.
Mientras lanzaba una pelota a Bobby, mi perro, pensaba en cómo mi rutina había cambiado desde que Alejandro entró en mi vida. Me sentía más yo, como si una versión falsa de Alegre hubiera estado controlando todo y ahora la verdadera estuviera despertando, renaciendo de las cenizas.
—¡Ale, tu teléfono está sonando! —la voz de Brandon me sacó de mis pensamientos.
—¡Contesta tú! —le respondí.
—Es que... es Hanni. —dijo con tono avergonzado, lo que me hizo soltar una risa.
Subí corriendo las escaleras con el vaso en la mano, un movimiento torpe que terminó en desastre: el vaso se cayó y se rompió en mil pedazos.
—¡Ash! —exclamé, haciendo una mueca dolorida.
Brandon me pasó el teléfono mientras negaba con la cabeza, divertido.