2. XVIII

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Cuando miro a mi alrededor no es mi cuarto lo que encuentro, es una recamara de hotel. En una silla está el traje de una persona que no recuerdo. Tengo la necesidad de gritar y para asegurarme de todo, levanto un poco las sábanas y noto que llevo la camiseta de un equipo de futbol encima. Reviso más allá y solo traigo mis pantis negras. Intento recordar la noche anterior, pero un dolor de cabeza me inunda y hace que sienta un golpe en el estómago. Salgo de un brinco de mi posición de descanso en la cama y corro a lo que parece ser un baño. Suelto un líquido amarillento por la boca y mi estómago se encoje de manera agresiva. Mis ojos me lloran y el sudor cae impenetrable por mi frente cayendo a los lados de mi rostro. Mi mano pasa inmediatamente hacia mi estómago para sobarlo y al menos sentirme un poco mejor, pero fallo y vuelvo a vomitar incesantemente.

Cuando al fin termino de vomitar, suelto un suspiro y me dejo caer en el frío suelo del baño. Al mismo tiempo que cierro los ojos observo un porvenir de imágenes de la noche anterior. En todas ellas es Lisa quien me acompaña a este hotel, a este edificio que está demasiado alejado del salón de fiestas donde se llevó a cabo la fiesta del señor Bradley. Temo por las cosas que pude haber hecho. Es claro que estaba ebria, pero tengo un hijo, y aunque sea de Lisa, no significa que pueda acostarme con ella sin ser consciente de ello.

Me regaño internamente y golpeo anímicamente el poco orgullo que me quedaba, que se mira escaso ahora. Recojo mi cabello en una coleta desordenada y me levanto del suelo para regresar a la cama. Mi estado es tan malo que necesito recostarme un poco más, quiero descansar, cerrar los ojos y olvidar que tal vez esté preñada nuevamente.

– Buen día. – susurra una voz cerca de mi oreja. Siento el calor de un miembro humano tocando mi cintura. Logro identificar la voz, pero me da temor abrir los ojos y descubrir la verdad. No quiero saber que todo esto fue una fantasía, pero tampoco quiero que sea una realidad.

Abro los ojos lenta y pesadamente. Tomo valor y me asomo por el rabillo del ojo para ver quién está sujetando y acariciando mi cintura. Su mano es distinta a la de Lisa, todo de él es completamente diferente, no se compara en los más mínimo, pero Logan me quiere y yo también le aprecio.

– Hola. – contesto con voz suave y sin ganas.

– ¿Has amanecido bien? Estaba haciendo el desayuno y escuché que vomitabas. ¿Te encuentras bien? – me pregunta preocupado. Su otra mano sube a mi rostro y acaricia mi mejilla suavemente.

– Creo que no fue buena idea tomar después de tanto tiempo. – le digo con algo de humor en mi voz.

Sus ojos azules me miran con ternura y una sonrisa se dibuja en su rostro. El color blanco de sus dientes podría deslumbrarme.

– ¿Quieres desayunar?

– Creí que nunca lo preguntarías.

Logan ríe por lo bajo y me levanta de la cama en sus brazos. Vamos a lo que parece ser la cocina del cuarto del hotel y me encuentro con un desayuno elaborado a la perfección. En mi plato hay gran variedad de frutas y a su lado unos panqueques de moras azules que inmediatamente quiero saborear. Logan me deposita en el suelo y se acerca a mi posición para darme un beso en mi hombro desnudo. Me estremezco y le regreso el beso en la mejilla. Sus brazos me rodean por el abdomen y su cabeza se moldea en la curva de mi cuello, respiro hondo y profundo porque no quiero besarlo después de haber rozado mis labios con los de Lisa.

– ¿Cómo hiciste todo esto? – le pregunto algo intrigada por la respuesta.

–Son las ventajas de madrugar. – río por lo bajo y Logan me da un beso en la comisura de los labios que muero por corresponder, pero sé que no es lo correcto hasta que me deshaga de la imagen de Lisa en mi cabeza.

sex instructor; jenlisa g!pHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora