Cuando volvías de dondequiera que fueses, la tomabas conmigo. Me contabas tus penas, tus problemas, lo gilipollas que era todo el mundo (excepto tú, claro) porque no veían la genialidad de tus ideas, lo idiotas que eran por no entenderte, lo cabrones que eran por no dejar de joderte.
Y todo esto mientras me pegabas. A mí.
Al final, siempre acababa perdonándote. Pero, ¿qué más podía hacer? Eras mi padre. Y yo una niñita que no podía sobrevivir por sí misma. Te necesitaba.
Pero un día todo cambió.
Yo volvía de hacer unos recados que me habías pedido. Tú llegaste a casa antes de lo que solías llegar. Y cuando yo llegué vi algo que jamás seré capaz de perdonarte.
No debiste tocarle un solo pelo a mi hermana pequeña, pedazo de monstruo.
ESTÁS LEYENDO
Pequeños fragmentos inconexos
Short StoryTodos los días te cruzas con gente. Hay muchas personas a nuestro alrededor. Todas ellas, al igual que tú, llevan una historia dentro. ¿Te apetece que te cuente "Pequeños fragmentos inconexos" de esas historias?
