Diferente

63 8 6
                                        

— ¿Y tú? ¿Cómo se lo tomó al gente de tu alrededor?

—Bien. Tuve suerte, nadie que no supiera comprenderlo.

Esa era la respuesta en versión corta. Pero en realidad el asunto era mucho más complejo que esas pocas palabritas. Todo comenzó cuando me di cuenta de que sentía algo distinto. Algo diferente. No era normal. De hecho, no conocía a nadie que hubiera hablado nunca de algo parecido.

Estuve investigando sobre ello. No sabía si era real o no. De hecho ni siquiera sabía qué narices era aquello.

La mayoría de páginas que encontré decían que solo era una fase. Que cuando terminara de madurar y fuera abandonando la adolescencia se acabaría y desaparecería para siempre. Me reconfortó eso. Saber que aquello tendría un fin me ayudaba a lidiar con ello.

Los años pasaban, pero yo seguí sintiéndome igual. Bueno, no del todo. Había adoptado aquel sentimiento como parte de mí. Ya no me era tan extraño como al principio. Conseguí compaginarlo todo de forma que nadie se enterara.

No desaparecía. De hecho, lo único que hacía era aumentar.

Y llegó el día en el que comprendí que no era una fase. Era permanente. Algo sin retorno. Ese día fue muy duro. Después de pasar varios años con la esperanza de que aquello acabara, ésta desapareció de raíz. Dejé de poder apoyarme en algo para poder seguir adelante y disimularlo mejor. Me quedé sin apoyo de ningún tipo.

Y pasé las próximas semanas muy nervioso. Pensaba que, al igual que yo me había visto como era en realidad, todos los demás también lo habían hecho. Temía que cuando se enteraran los demás me abandonaran, me dejaran de lado. Me daba miedo lo que los demás pudieran opinar de mí por ser... diferente. Yo no quería que me trataran como a alguien anormal.

Y por eso decidí que lo más precavido era ocultarlo, guardármelo para mí. Al menos por el momento.

Poco a poco aprendí a aceptarme. Empecé a ser feliz aunque no fuera como el resto de personas. De hecho, aprendí a ser feliz precisamente con la excusa de ser alguien diferente.

Poco a poco entendí que no debía ocultarlo. Si alguien me dejaba de lado por tener unos gustos diferentes, jamás había merecido la pena acercarse a esa persona.

Poco a poco fui ganando seguridad en mí mismo. Yo era feliz siendo como era, y al final eso era lo único que debería importar.

Decidí contárselo a una amiga que tenía la mente muy abierta. En muchas ocasiones había mostrado apoyo hacia grupos minoritarios que eran discriminados a menudo. Estaba seguro de que ella lo entendería.

Y así fue.

Cuando se lo conté me abrazó y me dijo que no tenía nada que temer. Ella siempre seguiría a mi lado, pasara lo que pasara. Me dijo que debía contárselo a mis padres cuanto antes. Que debía de dejar de esconderlo.

Pensé muchas formas en las que decírselo a mis padres. Imaginé situaciones, conversaciones, frases, gestos, miradas, escenarios... Lo imaginé todo.

Todo menos lo que de verdad pasó.

Decidí que lo mejor era reunirlos un día a los dos en el salón. Un día que ninguno estuviera cabreado, que ambos estuvieran de buen humor. Y tirar de la tirita de golpe.

Y eso hice. Un día que ambos habían tenido algo bueno en sus respectivos trabajos y estaban en el salón viendo la tele me acerqué. Les pregunté que si podía hablar con ellos sobre algo importante. Ambos cambiaron sus caras a preocupados. Yo empecé a sentirme nervioso y débil. Las piernas me temblaban. Temía de verdad lo que pudieran decirme.

Me senté en el suelo en medio del salón. Así disimularía mi nerviosismo y evitaría el riesgo a caerme. Me puse a llorar. No pude aguantarme.

— ¿Qué ha pasado? —me preguntó mi madre, muy preocupada.

No contesté. Respiré hondo un par de veces y lo solté, sin pensar, porque no tenía sentido alargar aquello más tiempo.

—Mamá. Papá. Soy friki. 




***

Este "pequeño fragmento" es algo más largo que los demás. Pero creo que se lo merece.

Muestra una realidad que, aunque no sea tan exagerada, ocurre. La gente con gustos minoritarios (aunque cada vez lo sean menos) como puede ser anime/manga, cultura japonesa en general, algunos tipos de videojuegos, matemáticas... Las personas con gustos fuera de lo común a veces no se sienten suficientemente cómodas consigo mismas, y temen que los demás los rechacen por sus aficiones. Yo antes ocultaba algunas cosas de mí, precisamente por eso. 

Pero aprendí que eso solo causa incomodidad con uno mismo. Y decidí ser como soy, y no ocultar que me gusta pasar tardes haciendo y deshaciendo cubos de rubik, escribiendo historias de muy pocas líneas, jugando a Pokémon en la DS... 

Así que ya sabéis: sed vosotros. Solo así conseguiréis ser felices :)

Pequeños fragmentos inconexosHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora