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—¡Mamá! —grité al cerrar la puerta, con la esperanza de que me escuchara sin importar en qué rincón de la casa se encuentre

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—¡Mamá! —grité al cerrar la puerta, con la esperanza de que me escuchara sin importar en qué rincón de la casa se encuentre.

—Jaemin, estoy en la habitación —la voz cálida de mi abuela resonó desde el pasillo. Caminé hacia allá, aliviado.

—¿Cómo has estado, abuela? —pregunté al entrar, notando su rostro iluminado por la tenue luz de la tarde.

—Mejor ahora que te veo, mi niño —sonrió con dulzura—. Tu madre salió a hacer la compra para la cena, seguro no tardará en llegar —tomó su bastón al lado de la cama y fui a ayudarla a ponerse en pie.

—Entonces me quedaré contigo hasta que vuelva —me puse a su lado, sintiéndome, por primera vez en días, realmente en paz.

—Cuéntame de tu escuela —dijo con curiosidad—. Quiero saberlo todo.

—Muy aburrido, como siempre —respondí, tratando de esquivar el tema.

Ella frunció el ceño. —¿No hiciste amigos nuevos?

—No, aunque lo estoy intentando —mentí con una sonrisa que no me creí ni yo. No tenía interés en hacer amigos, pero no quería romper la ilusión de mi abuela tampoco.

—Eso me alegra, Jaemin —sus ojos se iluminaron. Me sentí miserable por mentirle solo para verla sonreír—. ¿Y alguna chica? ¿No te interesa nadie?

—Por ahora no —respondí evasivamente.

—Espero que antes de que me vaya, me traigas a una muchacha linda para conocerla —me regañó en broma, pero sus palabras me helaron por dentro.

—No digas eso, abuela. Vivirás lo suficiente para conocer hasta tus bisnietos. Eres fuerte —le tomé la mano con delicadeza.

—Ojalá la vida fuera así de buena...

—Lo será. No te preocupes por eso ahora —dije, conteniendo las lágrimas que amenazaban con salir.

El sonido de la puerta principal rompió el momento. Allí estaba ella, mi madre, cargando varias bolsas de supermercado. Se adentró a la cocina, donde ambos ya estábamos.

—Mamá, te ayudaré —me acerqué para quitarle algo del peso.

—Ah, Jaemin, estás aquí —respondió sin emoción.

—Feliz cumpleaños, mamá —dije mientras colocaba las bolsas en la encimera. Ella murmuró un agradecimiento, sin cambiar la expresión de su rostro. —¿Hay algo que te gustaría comer hoy?

—No realmente. Haré algo simple para cenar —comenzó a sacar las verduras.

—Entonces te ayudaré. Tal vez cambies de opinión si cocino yo.

—No hace falta. Puedo hacerlo sola —dijo con frialdad, sin mirarme.

—Lo siento… entonces al menos déjame ayudarte en algo.

²𝐒𝐏𝐀𝐑𝐊𝐒 𝐅𝐋𝐘 [𝐄𝐃𝐈𝐓𝐀𝐃𝐎]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora