01

23 2 0
                                        

La noche estaba demasiado tranquila como para reflejar el caos que sentía dentro

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.


La noche estaba demasiado tranquila como para reflejar el caos que sentía dentro. No había nubes, pero el cielo parecía pesar más que nunca. La carretera detrás de mí seguía viva con el ruido de los autos, indiferentes a la escena que se desarrollaba sobre el Puente Mapo. Un escenario silencioso para una despedida que había planeado durante semanas.

El río Han fluía con calma, pero su marea alta me parecía un monstruo paciente, esperando que alguien como yo diera un paso en falso

—Es ahora o nunca —susurré, aferrándome a la baranda metálica.

Mis manos temblaban, pero mi mente no. O al menos eso creía. Había soportado demasiado, llevaba tanto peso encima que incluso respirar se sentía como un castigo. Estaba listo. O eso me repetía.

Pero entonces las voces. Las mismas de siempre.

"Vamos, Na Jaemin, no seas un cobarde."

"Haznos un favor y muere."

"Pequeña escoria, deberías estar muerto."

"Ten los pantalones para hacerlo. ¿O tienes miedo?"

Me llevé las manos al cabello, jalándolo con frustración. El ruido dentro de mi cabeza era insoportable, más cruel que cualquier golpe físico. Estaba harto. Harto de los abusos, del rechazo, de la soledad.

Y sin pensarlo más, crucé una pierna por encima de la baranda. Evité mirar hacia abajo. No quería ver el final, solo sentirlo.

—¡Detente! ¡No lo hagas!

Una voz cortó el aire. Una voz femenina. Un grito desesperado. Sentí una mano tibia sujetar mi brazo, suave pero firme, como si su tacto pudiera devolverme al mundo.

Subí la mirada.

Sus ojos verdes me atraparon primero. Después su rostro, sereno pero preocupado. Ella parecía más joven, más frágil incluso, pero estaba ahí.

—Cruza, por favor —dijo con un acento extranjero claro.

No sé cómo ni por qué, pero obedecí. Tal vez por su voz. Tal vez porque por primera vez, alguien no me hablaba para herirme, ni reflejaba odio en sus ojos.

Una vez de nuevo en suelo firme, no pude contenerlo más. Las lágrimas, que había contenido por tanto tiempo, brotaron con fuerza. Me doblé sobre mí mismo, sollozando sin pudor.

—Todo está bien —susurró ella—. Tranquilo. Estoy aquí apoyándote.

Sus palabras, tan simples, eran un abrazo en forma de voz. Sin siquiera conocerme, esta extraña me había salvado de alguna manera.

²𝐒𝐏𝐀𝐑𝐊𝐒 𝐅𝐋𝐘 [𝐄𝐃𝐈𝐓𝐀𝐃𝐎]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora