《Dentro de mi pecho late lo que pensaba estaba roto y se detiene el tiempo cuando estoy contigo ¿Significa esto amor?》
- Libro #2 de la saga: Taylor Swift
- Esta historia es solo una inspiración a la letra o al título de la canción, no es literal un...
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El bosque amaneció envuelto en una neblina espesa que parecía dormir sobre los troncos. El aire estaba frío, casi inmóvil, y cada sonido parecía venir de muy lejos. Las voces de los chicos se oían apagadas entre los árboles; se habían ido temprano a explorar, llenos de una energía que yo no tenía hoy.
No era que no quisiera acompañarlos. Solo necesitaba un momento para respirar sin tanto ruido alrededor.
Me senté en el mismo tronco de ayer, con la chaqueta mal abrochada y los pensamientos revoloteando como hojas secas. Observé la silueta del bosque perderse en la bruma, mientras el olor a tierra húmeda me envolvía. Había algo tranquilizador en esa soledad, pero también algo pesado, casi incómodo.
Pensé en Jeno. En la charla de anoche. En las palabras que no entendí del todo pero que seguían repitiéndose en mi cabeza como un eco imposible de apagar.
“¿Los oficiales?” "Park. Kim” “El chico no lo mencionó en su carta.”
Sacudí la cabeza. No quería seguir pensando en eso. Tal vez solo había malinterpretado todo. Tal vez el cansancio me hizo oír lo que no debía.
Suspiré, hundiendo las manos en los bolsillos, cuando una voz familiar rompió el silencio.
—¿Puedo sentarme?
Shuhua estaba ahí, con un abrigo beige demasiado grande para su cuerpo y el cabello recogido a medias, suelto en mechones rebeldes que se movían con el viento. Tenía las mejillas encendidas por el frío y una expresión curiosa, como si no estuviera del todo segura de si interrumpía o no.
Asentí, apenas levantando la mirada.
Ella se sentó a mi lado, dejando un pequeño espacio entre ambos. El silencio se instaló de inmediato, pero no fue incómodo. De hecho, era… reconfortante. Shuhua no era de las que llenaban los vacíos con palabras, y eso, de algún modo, me gustaba.
—Pensé que habías ido con los demás —dije después de un rato.
—Renjun y Chenle no me dejaron —respondió con una sonrisa leve, jugando con los cordones de su abrigo—. Dijeron que alguien tenía que quedarse a vigilarte.
—¿Vigilarme? —reí por lo bajo.
—Ya sabes… por si decides desaparecer otra vez.
Su tono era ligero, pero sus ojos me observaron con atención, como si buscaran algo que no estaba diciendo.
No respondí. Me limité a mirar el suelo, dejando que una hoja rodara hasta mis zapatillas. El silencio volvió, y solo se oía el viento moviendo las ramas, el crujir de las hojas bajo nuestros pies.
—A veces pareces estar en otro lugar —murmuró ella de pronto, con esa voz tan suave que casi se confundía con la brisa—. Como si tu cuerpo estuviera aquí, pero tu cabeza siguiera lejos.