《Dentro de mi pecho late lo que pensaba estaba roto y se detiene el tiempo cuando estoy contigo ¿Significa esto amor?》
- Libro #2 de la saga: Taylor Swift
- Esta historia es solo una inspiración a la letra o al título de la canción, no es literal un...
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El viaje de regreso fue silencioso al principio, solo el sonido del motor del autobús y el rumor de los chicos medio dormidos llenaban el aire. Aún olía a lago, a humo de fogata y a ese cansancio dulce que deja la nostalgia después de unos días compartidos. Afuera, los árboles ya estaban mudando de piel: hojas ámbar y rojizas que caían lentas sobre el asfalto.
Chenle fue el primero en romper el silencio.
—¿Alguien más siente que el alma le salió del cuerpo? —dijo con un bostezo enorme, dejando caer la cabeza sobre el hombro de Jisung.
—Tú siempre dramatizas todo —contestó Haechan desde el asiento de atrás, riendo.
—Yo no dramatizo, siento que podría desmayarme en cualquier momento.
Renjun rodó los ojos, apoyando la cabeza en el vidrio empañado.
—Shuhua, dile algo a tu amigo para que se calle. No me deja dormir.
La chica sonrió apenas, jugando con una pulsera entre los dedos.
—Déjalo, Renjun. Al menos él sí se divirtió.
Jaemin observaba la escena desde su asiento junto a la ventana. No hablaba. Su mirada se perdía entre los reflejos del vidrio y el movimiento del paisaje. Algo dentro de él se sentía diferente, como si cada palabra ajena le llegara amortiguada. Tenía la mente en otro lugar, o quizás en alguien.
Shuhua.
Desde que había comenzado el viaje, algo en ella lo descolocaba. No era solo su forma de hablar, ni la manera en que se detenía a mirar las cosas simples, sino la calma que transmitía sin siquiera intentarlo.
Cuando el autobús se detuvo finalmente, una ráfaga fría los recibió. Los chicos se dispersaron con rapidez: abrazos, despedidas y promesas de escribirse. Chenle y Jisung discutían por quién sabe qué, mientras Haechan seguía molestando a Renjun por su cara de sueño.
Jaemin se colgó su mochila y bajó los escalones sin apuro. Sentía el peso del aire, de la rutina esperándolo en casa. Pero también algo más leve: la expectativa silenciosa de volver a ver a los mininos.
—Jaemin —lo llamó Shuhua por detrás.
Él se giró, sorprendido por la voz. —¿Sí?
—¿Puedo escribirte luego? Por… lo del trabajo de literatura —dijo ella, bajando la mirada con un pequeño gesto torpe.
—Claro, como quieras —respondió él con una sonrisa tenue, sincera.
Ella asintió y se despidió con un leve movimiento de mano antes de seguir a su hermano. Renjun, por su parte, le lanzó una mirada evaluadora al chico, como si midiera algo que aún no sabía nombrar.
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El departamento de Jaemin lo recibió con el olor familiar del hogar y el sonido suave de patitas sobre el suelo. Dos pequeños gatitos se acercaron corriendo desde el pasillo, maullando con insistencia.