《Dentro de mi pecho late lo que pensaba estaba roto y se detiene el tiempo cuando estoy contigo ¿Significa esto amor?》
- Libro #2 de la saga: Taylor Swift
- Esta historia es solo una inspiración a la letra o al título de la canción, no es literal un...
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La noche en Seúl tenía un aire fresco y calmado. Jaemin pedaleaba tranquilo, la bicicleta deslizándose suavemente sobre el pavimento. El Río Han había sido su lugar de paz, luego de aquel día, un respiro en medio del bullicio de la ciudad. El sonido del agua chocando contra los muelles, la vista de las luces reflejándose en el agua, todo parecía relajante. Lo que más le gustaba de esos paseos nocturnos era que podía desconectarse de todo: de la escuela, de las expectativas, de la gente. Solo él y el río.
Pero esa noche algo rompió la quietud. Un sonido de maullidos lo hizo frenar en seco, como si algo lo hubiera llamado. Al principio pensó que era su imaginación, pero al acercarse, los maullidos se hicieron más claros. Una pequeña caja de cartón reposaba al lado del puente, y dentro de ella, tres pequeños gatitos. Jaemin se agachó, sus ojos se encontraron con los de los animales, y un sentimiento de protección se encendió en su pecho.
—¿Qué hacen aquí, solos?— murmuró, acariciando a uno de los gatitos. —Hace tanto frío...— Su mente entró en un torbellino de dudas. Debería dejarlos aquí, tal vez alguien más pasaría y los llevaría a un lugar más seguro, o quizás... era su responsabilidad. Un suspiro salió de sus labios mientras tomaba la caja y la subía a su bicicleta.
El trayecto de vuelta a casa fue más rápido de lo que pensaba. El cansancio de la noche y la lluvia reciente hacían que el aire se sintiera más fresco, pero el pensamiento de los gatitos lo mantenía despierto. Al llegar a su casa, estacionó la bicicleta en el lado de la entrada, y con cuidado, acomodó la caja cerca de la puerta.
—Aquí estamos, pequeños. Este será su hogar por ahora... hasta que encontremos uno mejor.—Los tres maullaron, como si de alguna manera comprendieran. Jaemin les sonrió, acariciándolos antes de entrar al baño. No iba a ponerles nombres. No quería involucrarse tanto con ellos. Pero algo en su corazón le decía que debía cuidarlos, al menos por ahora.
La noche pasó tranquila. Se acomodó a su rutina, como siempre, pero un pequeño recordatorio de su buen gesto lo hizo sentirse diferente. La más blanca de los gatitos se acercó a sus pies y, como si quisiera agradecerle, frotó su cabeza contra su pierna. Jaemin se agachó y la acarició, notando lo suave que era su pelaje. Quizás, pensó, no era tan mala compañía después de todo. Pero no podía mantenerlos.
Al día siguiente, después de despedirse de su abuela, Jaemin regresó a su casa con el estómago vacío. Había quedado tan distraído con los gatitos que ni siquiera había comido. A lo lejos, recordó la comida deliciosa de la tía de Jeno y cómo le había prometido no perder la próxima oportunidad de ir. Pero ahora solo podía contar con galletas para pasar el día.
''Genial'', pensó, ''galletas y gatos''.
Mientras buscaba algo más que comer, uno de los gatitos lo sorprendió al acariciar su pie. Eso lo hizo recordar que ellos también necesitaban comida. Sin pensarlo mucho, salió de casa en busca de algo para alimentarlos. Al llegar a la tienda de mascotas, Jaemin se encontró con un mundo lleno de colores, patitas en las paredes y estanterías en forma de huellas. Era un lugar agradable.