《Dentro de mi pecho late lo que pensaba estaba roto y se detiene el tiempo cuando estoy contigo ¿Significa esto amor?》
- Libro #2 de la saga: Taylor Swift
- Esta historia es solo una inspiración a la letra o al título de la canción, no es literal un...
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—¡Papá! —grité apenas crucé la puerta de casa, con la mochila colgando del hombro. Tenía mil cosas que contarle del día, lo único que quería era verlo, escuchar su risa cansada pero cálida, y sentir ese abrazo que siempre lograba calmarme.
Lo busqué por todas partes: la cocina, el patio, su despacho. Nada. Solo quedaba el pasillo, el que llevaba a las habitaciones. Dejé la mochila tirada en mi cuarto y corrí al suyo.
—¡Papá! —volví a llamar, empujando la puerta.
Ahí estaba. Acostado en la cama, inmóvil. Pero no como esperaba.
Por un segundo creí que dormía. El segundo siguiente… el mundo se me vino abajo.
La pistola descansaba en su mano. Las sábanas blancas estaban manchadas de rojo. Sus ojos, los mismos que antes brillaban cada vez que me miraban, ahora eran solo un reflejo vacío.
—¡Papá! —mi voz se quebró—. ¡Papá, despierta, por favor!
Me lancé sobre él, temblando. Intenté moverlo, llamarlo, gritar. Pero solo obtuve silencio. Y lágrimas. Lloré hasta que el pecho me dolió, hasta que la garganta ardió de tanto suplicar lo imposible.
La puerta principal se abrió y escuché pasos apresurados.
—¡Jaemin! ¿Qué son esos gritos? —mi madre subía las escaleras.
Cuando entró a la habitación, se detuvo en seco. La escena la paralizó: su marido sin vida, su hijo a un costado, con las manos manchadas de sangre.
—Mamá… —murmuré, buscando su abrazo—. Papá no está muerto, ¿verdad?
Pero lo que recibí fue un golpe en la mejilla.
—¿Por qué lo dejaste solo? —su voz se rompió entre llanto y rabia.
—Mamá… —intenté tocar su mano, pero ella se apartó.
—¡Lárgate, Jaemin! ¡Lárgate!
Sus palabras me perforaron más que el golpe. Me quedé inmóvil unos segundos, sin comprender. Pero el dolor era demasiado. Tomé mis zapatos y salí corriendo.
Encontré un parque no muy lejos. Me senté en uno de los bancos y lloré. Lloré hasta que cayó la noche. Hasta que no quedó nada más que el vacío.