Estaba convencido de que nuestra relación no iba a escalar a algo más que una amistad.
Siempre que tomabas mi mano, mi sonrisa aparecía de forma involuntaria y el calor se subía a mi rostro, incapaz de controlar mis emociones. Mi corazón se aceleraba con cada roce de nuestras manos, y tú, Bosco, no te dabas cuenta de eso, porque siempre he fingido y he sido bueno haciéndolo (creo).
Cuando se trataba de ti, mi mundo simplemente se reducía a tu presencia, a los momentos en los que me hacías reír con tus intentos de broma -que me ponían nervioso hasta que los aclaras- y a los sentimientos que me generabas al estar juntos.
Me mostraste una parte vulnerable de ti, y yo caí rendido ante esa personalidad tan humana y hermosa que me habías mostrado con confianza.
Tus abrazos, tus palabras y tus sonrisas me hicieron sentir feliz y afortunado, y no sabía si estaba preparado para dejar todo eso atrás.
Mi beca para París me esperaba. Un nuevo mundo lleno de oportunidades se presentaba ante mi y yo, tan ilusionado con cumplir mis sueños, sonreí a recibir la aceptación. Sin embargo, cuando te conté la noticia por llamada, sentí cierto tono decaído en tu voz que me inquietó mucho.
—Me alegro mucho por ti. Te lo mereces —agrega Bosco, sintiendo un nudo en su garganta. No quiero que te vayas. Quería decir, pero sus palabras no salían como quería—. Este mundo va a verte triunfar, y yo seré la persona más feliz del mundo.
Quería continuar, decirle que lo va a extrañar, pero es interrumpido.
—Gracias, Bos. Tu apoyo significa mucho para mí.
Con esas palabras, Bosco no pudo continuar. Temía hacerlo sentir mal al decirle que lo extrañaría, que no quería que se fuera y lo dejara solo. Debe ser fuerte, afrontar lo que se viene y vivir con esa enorme distancia los próximos 4 o 5 años, no lo sabe con certeza.
Cuelgo la llamada al escuchar tus buenas noches, y una presión en mi pecho no me deja tranquilo.
Iba a dejarlo por perseguir mis sueños. Íbamos a distanciarnos quien sabe por cuanto tiempo y no nos volveríamos a ver físicamente hasta mi regreso al país.
Unas pequeñas lágrimas caen de sus ojos, recorriendo sus mejillas hasta caer al suelo. Pepa mira por la ventana de su habitación, preguntándose si estaba tomando una buena decisión.
...
Ambos habían decidido encontrarse el sábado en el barrio para seguir con el mural que Pedro Pablo estaba continuando. Este tipo de encuentros alegraban al joven pintor, quien esperaba ansioso la llegada de Bosco en la entrada del restaurante.
—¿Qué haces, Pepa? ¿No ibas a ver tu mural? —pregunta Salomón, apareciendo de repente a su lado. El susodicho voltea hacia su hermano y sonríe.
—Estoy esperando a Bosco —responde y regresa su mirada a las calles del barrio, esperando ver el auto negro que siempre transportaba al más joven.
Salomón frunce su ceño, notando en su hermano algo que llevaba sospechando desde hace tiempo.
—¿No se han reunido mucho últimamente? Parecen uña y mugre —dice Salomón, riendo por el comentario.
—Tampoco así, Salomón. Solo somos amigos y nos llevamos bien ahora.
—Hasta el punto de permitirle pintar tus murales —Pepa ensancha sus ojos y voltea a su hermano, sintiendo un escalofrío subir por su espalda.
—¿D-de qué hablas? —responde nervioso, sintiéndose al descubierto. Sin embargo, fingiría hasta el final.
ESTÁS LEYENDO
One-shots || Bospa
FanfictionDiferentes historias del bospa, en diferentes escenarios o universos.
