Capítulo 13.

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-Todos aquí sabrán que estoy metido hasta las bolas en este maldito coño perfecto y no me importa una mierda que me atrapen.

Otra serie de golpes bruscos que generan una presión profunda y constante en la parte inferior de mi cuerpo.

-No importa, te sientes demasiado bien para parar.- Me golpea, duro e intenso, casi como si me estuviera castigando por hacer que me quisiera. Giro la cabeza lo suficiente para decir.

-No te detengas. Nunca te detengas.- Su risa contiene alambre de púas y hojas de afeitar.

-Estás apunto de correrte por toda mi polla, ¿no?

-Sí.- me quejo. Este orgasmo es diferente a los demás. Viene demasiado fuerte, con demasiada intensidad y es casi aterrador, trato de reducir la velocidad pero Aizawa no quiere nada de eso. Utiliza su agarre en mis caderas para obligarme a mantener el ritmo. Para llevarme al borde y al olvido. Entierro la cara en la almohada y grito, pero él no se detiene. Él solo sigue follándome hasta que mi cuerpo se aprieta y le echo un chorro sobre él. Él maldice y pierde el ritmo, me lleva a la cama y me folla furiosamente mientras persigue su propio orgasmo. Envuelve sus brazos alrededor de mí, sosteniéndome cerca mientras empuja profundamente y se corre.

-Jesucristo, maldita sea.- No tengo energía para reír, no tengo la energía para hacer nada excepto quedarme aquí y dejar que me envuelva mientras el placer sigue latiendo a través de mi cuerpo.

-No más.- Lloriqueo.- No puedo soportar más.

-Terminas cuando yo digo que terminas.

A pesar de las duras palabras, Aizawa entierra su rostro en mi cuello y besa la piel sensible allí. Nos pone de lado, se toma un momento para ajustar mis piernas para que no me aplaste y luego me empuja hacia su pecho, su polla todavía se retuerce dentro de mí, cada vez que pulsa, le doy una pequeña contracción. Estoy tan sobre sensibilizada que no sé si es demasiado o si me va a dar cuerda otra vez. Estoy temblando y parece que no puedo parar.

-Aizawa

-Te tengo.- murmura. Quizás debería sentirme enjaulada por él ahora mismo. Me tiene enredada lo suficientemente fuerte como para que encaje el término, aunque no lo hago, en cambio, es casi como si hubiera creado un capullo seguro entre el resto del mundo y yo. Un pensamiento extraño, pero no se puede negar lo segura que me siento en este momento. Cuán seguro me he sentido desde el principio de esto.

Pasan varios minutos antes de que nuestros cuerpos se enfríen y mi frecuencia cardíaca vuelva a algo que se aproxima a lo normal. Aizawa presiona otro beso en mi garganta.

-¿Crees que tus piernas te sostendrán?

-Dices cosas así y luego afirmas que soy la responsable de tu gran ego.- Me da un apretón y se desenreda de mi cuerpo, no puedo soltar un gemido en respuesta, estoy un poco adolorida y muy cansada, pero es como si tuviera fiebre en la sangre. De repente me aterroriza pensar que nunca me cansaré de él. No, eso es ridículo. Por supuesto que tendré suficiente de él este fin de semana.

Se pone de pie y luego me ofrece la mano, quiero deshacerme de él solo para ver qué hace, pero estoy lo suficientemente tambaleante como para preocuparme de no poder estar de pie sin ayuda. Me pone de pie y me empuja hacia el baño.

-Voy a cambiar las sábanas, que empiece la ducha.- dice él.

-Sabes que ya no estamos follando, no tienes que adoptar el tono mandón. .-Me lanza una larga mirada.

-Tuve la impresión de que sabías a quién invitaste a acostarte contigo, Kaori. La fantasía puede ser una versión mejorada, pero este soy yo.

Yo lo sabía, Aizawa tiene una reputación increíble por ser inflexible, hasta el punto de que mi padre bromeaba sobre eso todo el tiempo. Yo mismo he visto evidencia de eso, tanto hace seis años como con su negativa a mi oferta.

Levanto la barbilla.- Soy consciente de que eres un gruñón cascarrabias y que te has quedado en el camino.

Levanta las cejas.- Un gruñón cascarrabias.

-Dime que no es la verdad.- Continúo antes de que pueda responder.- Ese no era mi punto, por cierto. Puedes ser el idiota mandón todo lo que quieras, pero entiende que no voy a darme la vuelta y jugar a ser una niña obediente cuando no lo estamos haciendo…— Agito la mano vagamente hacia la cama. En todo caso, sus cejas se arquean más alto.

-Tu definición de obediente es tan errónea como tu definición de lo siento. Esa es la segunda vez que tienes la oportunidad de citar a la princesa prometida y dejar pasar la oportunidad.

Niego con la cabeza.- ¿Qué voy a hacer contigo, Aizawa?

-Estoy seguro de que se te ocurrirán más de algunas ideas.- Todavía me mira como si tratara de averiguar qué es lo que quiero.- No estoy pidiendo obediencia incondicional, Kaori. No me interesa eso, no este fin de semana y no en general pero los estamos sudorosos, los dos dormiremos mejor con una ducha y sábanas limpias.

Empiezo a responder, pero hago una pausa cuando me doy cuenta de lo que está insinuando.-¿Dormiremos juntos?

Eso lo detiene en seco. Él frunce el ceño.- Había asumido...- Aizawa mira hacia la cama. -Si te sientes más cómoda conmigo en el sofá...

-¡No!- Intento moderar mi tono, llevar el entusiasmo a un nivel más moderado.- No, eso no es lo que quiero.

Me estoy dando cuenta de que no hablamos mucho sobre cómo se vería este fin de semana aparte de todo el asunto de ‘este coño es mío’. Se encoge de hombros.

-Parece lo que quieres que se vea.- Ahora es mi turno de fruncir el ceño.

-Eso no es una respuesta.

-Lo sé.- Aizawa se pasa la mano por el pelo.- No planeé exactamente esto en ningún nivel, no hay razón para que no durmamos en la misma cama.

Me da una sonrisa lenta que tiene mariposas en erupción en mi estómago.

-Además, me gusta comer coños a primera hora de la mañana. ¿Estás de acuerdo con eso?- Parpadeo.

-¿Es eso una pregunta contrampa?

-No.- Parpadeo de nuevo.- Kaori.- Aizawa vuelve a tener ese tono, el imperial exasperado.- Responde la pregunta.

Podría recordarle que ya me inscribí para casi cualquier cosa que él quiera hacerme, pero me gusta cómo se está registrando continuamente, no importa lo malhumorado que esté normalmente o lo imbécil que juegue cuando follamos, Aizawa, tiene una vena cariñosa que hace que mi pecho se sienta raro. Es un gran contraste, pero no menos genuino que los otros lados de él. Entonces le doy una respuesta honesta.

-Me gustaría mucho.

Su mirada cae a mi boca y luego acecha hacia mí y me tira a sus brazos.

-Debería darle un buen uso a esa boca desobediente.- Todavía me duele un poco la mandíbula por haberle chupado la polla antes, pero me importa un carajo.

-Si crees que eso ayudaría.

-No, nena.- Agarra mi garganta con un ligero apretón y guía mi cara hacia la suya.

-No creo que nada más que follarte solo por estar en coma ayude, e incluso entonces encontrarás una manera de hablar.

-Probablemente.- le susurro.- Definitivamente.

Aizawa me besa, no se parece en nada al beso de antes. Antes, me estaba marcando como suya y esto se siente como... Casi como si simplemente se estuviera divirtiendo. Disfrutándome. Levanta la cabeza demasiado pronto.

-A la sucha, Kaori. Antes de que cambie de opinión.

Me estoy moviendo un poco sobre mis pies, pero no voy a permitir que algo tan mundano como el cansancio me detenga. Paso mis manos por su pecho.

-¿Sería tan malo cambiar de opinión?- Él resopla y me hace girar hacia el baño, dándome un pequeño empujón.

-Ducha.

-Sí.-le digo con dulzura. Creo que lo escucho maldecir en voz baja, pero la verdad es que una ducha suena como el cielo, especialmente su ducha.

El amigo de mi padre (Aizawa y tú)+18Donde viven las historias. Descúbrelo ahora