Capitulo 1

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Hace mucho tiempo, recuerdo haber escuchado a mi padre decir "No quiero ser una carga para ustedes". En ese tiempo era una joven inmadura, que se preocupaba mucho por fingir una apariencia en vez de mostrar lo que realmente soy: una chica empática, bondadosa, a veces irritante otras veces más calmada, unida fuertemente a su hermana, creativa e imaginaria, teniendo presente, siempre, esas esperanzas ante cualquier dificultad. No reconocía o entendía el porqué de esas palabras dichas por mi padre.

Ahora que estoy recostada en esta camilla, algo adolorida, acalorada y... con mucho miedo. Ahora soy yo quien dice "Soy una carga". Pase de ser una madre trabajadora para alimentar a sus hijos, a una chica a la que tienen que cuidar.

Mi querido labrador, mi amor Pete, ya sé que estás trabajando día y noche por mí, no hace falta que me lo ocultes, ya que, lo noto en tus ojos cansados y del cómo te llegas a quedar dormido junto a mí cada que me visitas y acaricias mis manos, un toque tan acogedor que realmente te lo agradezco. Pero tampoco tolero verte así, no me gusta, me preocupa, y todo por mi culpa. Temo que apenas estes durmiendo un par de horas.

Mis pequeños, mis adorables niños que me sacan de quicio unas veces, y me dibujan una sonrisa otras varias. Deben estar muy preocupados por mí. Deseo verlos, abrazarlos y escucharlos perderse en sus propias palabras, en su imaginación tan gigantesca que no hacía más que expandirse a medida que crecían. Los adoro. Son mi tesoro. Nuestro tesoro.

Pero, estoy aquí, echada, siendo mantenida y sin forma de poder moverme sin que me duela el abdomen. Me siento tan inútil y frágil como un muñeco de porcelana.

Perdóname mi amor, por ser esa roca que vas arrastrando.

Me avergüenza, entristece y me frustra verte agotado, porque es mi culpa que estes así. Sé que quieres que esté tranquila, pero me enoja, al igual que a ti, que me digas "Estoy bien" cuando sabes que no lo estas. Eres un tonto... un tonto muy tierno que no ha dejado de enamorarme desde nuestro reencuentro en aquel viaje en caravanas y del que siempre pone su parte para resolver las cosas después de una discusión.

Estas cansado, agotado, adolorido; Y me duele verte así, al punto que ya no me importa mi vida si tengo que ver cómo vas destruyendo tu cuerpo. Lee mis palabras Jean Luc Peter labrador, solo quiero tu estés bien, quiero que mis niños estén bien. Que si no llego a salir viva de esta camilla, no quiero que te sientas mal, quiero que intentes encontrar la calma para no cometer los mismos errores tuyos y de tu padre, que puedas continuar criando a nuestros mayores tesoros como lo has hecho desde que los tuvimos. Ahora más que nunca, continúa siendo ese Père.

Te amo mi querido labrador.

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Poco a poco el sol perdía timidez hasta poder salir de su escondite. De él, se desprendía los cálidos rayos que impactaron con la ciudad, brindando un hermoso "Buenos días" a todo quien tocase sus rayos. No fuimos la excepción. Tal como si de una aguja se tratara, aquellos rayos traspasaron nuestra ventana e impactaron directamente con nuestros rostros. A diferencia de lo que pensé, aquellos rayos eran acogedores, tanto que se asemejan a una gentil acaricia.

Aun así. Yo deseaba seguir durmiendo, continuar echado en el colchón por debajo de las cálidas mantas.. No fue hasta sentir su mano acariciando mi cabeza; Sentir su respiración cerca de mi oreja para susurrar, "Ya es hora, dormilón". Sonreí.

Tomé el borde de la cobija y lo arrastré hasta cubrir todo mi cuerpo.

Es muy... Temprano —dije somnoliento mientras me acomodaba en el colchón.

Sombras Del PasadoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora