Los alumnos estaban practicando por última vez antes de iniciar las pruebas para obtener sus Licencias Provisionales. Cada uno se enfocaba en perfeccionar su estilo. Kirishima, con la guía de Yato, logró replicar el Galope de Unicornio y, además, mejorar la potencia de sus golpes. Con esfuerzo y repetición, consiguió desarrollar una versión propia de los Meteoros de Pegaso, la técnica emblemática de los Caballeros del Pegaso.
Kaminari, por su parte, había logrado estabilizar una técnica que convertía su brazo en una especie de filo eléctrico, similar a un Lightsaber. Este ataque era capaz de cortar y aturdir al mismo tiempo, y fue posible gracias a los consejos y la supervisión del Cid de Capricornio. El proceso de entrenamiento modificó su actitud: el rubio, antes despreocupado y bromista, ahora mostraba una faceta más seria, aunque no completamente transformada.
Las mejoras no se detuvieron ahí. Los movimientos desarrollados se mantuvieron en secreto, siguiendo la recomendación de los caballeros más experimentados: podían ser nombrados, pero jamás revelados en combate real, para evitar que los enemigos elaboraran contramedidas. A primera vista, esa estrategia podía parecer hipócrita, considerando que los caballeros usaban técnicas reconocibles. Pero la verdad era otra: ningún villano había experimentado jamás la verdadera magnitud del Cosmos.
Así transcurrieron los días. Fueron tres meses de entrenamiento intenso y de una paz extraña. No hubo ataques de la Liga de Villanos, ni señales de los Espectros. Pero nadie se engañaba: la calma era sólo el preludio de la tormenta.
Respecto a la Liga de Villanos, poco se podía decir. Tras la redada, sólo Himiko Toga había sido capturada. Hasta el momento, se negaba a hablar. Sin embargo, bastó con que Aspros de Géminis aplicara su técnica mental para que la joven revelara todo. Naomasa agradeció la intervención del caballero, aunque confesó que el Satán Imperial lo ponía nervioso. El resto de la Liga permanecía en silencio, conscientes de que atacar en ese momento sería un error. Aun así, se obtuvo un nombre: Kyudai Garaki, un doctor especialista en dones que trabajaba en hospitales de Musutafu. Su perfil era impecable, sin antecedentes ni vínculos sospechosos. Pero gracias al apoyo de los caballeros, se descubrió que su nombre circulaba en el bajo mundo. Por eso, decidieron esperar a que cometiera un error y se delatara por sí solo.
Mientras tanto, los aspirantes a Caballero comenzaban a mostrar resultados concretos. Varios jóvenes, especialmente los de mayor edad, lograron obtener sus armaduras. Este avance no habría sido posible sin la aparición de un caballero del pasado: Archon de Sagitta. Su origen no pertenecía al mundo actual, sino a una línea temporal vinculada al nacimiento de Avenir de Aries, según explicó Hakurei, aunque sin entrar en detalles.
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Si bien el joven es un caballero frío, algo distante, siempre dispuesto a cumplir su misión, mantiene una visión estricta sobre la jerarquía dentro del Santuario. Considera que los caballeros de bajo rango no deben entrometerse en los asuntos de sus superiores, ya sea un Caballero Dorado o el propio Patriarca. Sin embargo, esa rigidez no lo vuelve indiferente. Es alguien que luchará por sus camaradas si la causa lo merece, aunque tampoco dudará en enfrentarlos si alguno se rinde ante un dogma erróneo o una convicción corrupta.