Prólogo.

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C H I M O N

Las fiestas importantes siempre son aburridas, Nanon está entretenido porque le gusta la estrella del equipo nacional, pero yo no conozco a nadie más, y no sé qué hacer.

Salgo al jardín a tomar aire, y noto que hay luna llena hoy.

—¿No quieres entrar? —escucho que me preguntan y volteo encontrándome con la mirada de uno de los delanteros del equipo titular.

Uno de los lindos.

—No —digo nervioso mirando sus labios.

Bota el humo de su cigarro, y yo creo de verdad que es guapo.

—¿No tienes un problema con asistir a fiestas de adultos?

—Tengo 18 —le aviso acomodando mis lentes.

Él se ve joven, no lo entiendo, ya soy un adulto también.

Sé que no somos de la misma generación, pero tampoco es para tanto.

No estoy seguro de porqué se ríe.

—¿No quiere entrar…usted? —pregunto con curiosidad.

—Perth —dice volteando a verme.

Camina por el césped y googleo rápido su nombre, obviamente lo sé, lo he visto en los entrenamientos a los que Nanon me obliga a ir.

Tiene 32, es casi lo mismo.

Voy detrás de él, porque creo que es interesante, no había hablado antes con alguien del equipo.

Me tenso porque agarra mi brazo y me apoya en el árbol grande.

—¿Q-Qué pasó?

—Te he visto antes —dice volteando a ver la puerta, probablemente para asegurarse de que nadie más salga— en las gradas.

—Nanon es mi amigo —le informo y asiente, porque obviamente lo sabe.

Lo conocen a él, es el hijo de su entrenador.

Creo que voy a caerme, porque mira mis labios, todavía sonriendo.

—Te he prestado atención, porque creo que eres lindo.

Su voz baja y yo tengo el corazón a punto de salirse de mi pecho.

—¿Estoy incomodándote? —me pregunta alejándose un poco, pero yo estiro la mano a su brazo, para detenerlo.

—No.

—¿Y ahora? —insiste acercándose más a mi rostro y yo niego con la cabeza.

Jamás se me cruzó la idea de que un Alfa del equipo fuera a mirarme.

Todos son guapísimos, completamente fuera de mi alcance.

—¿Es demasiado? —susurra más cerca y mi mirada va de nuevo a su boca.

Mis manos se aferran al árbol porque me besa, y siento sus manos desabrochando mi pantalón.

Miro nervioso mi alrededor, porque alguien podría venir.

—Relájate —dice mirándome a los ojos y yo asiento.

Supongo que él tiene más experiencia en esto y no tengo que preocuparme.

Segundo tiempo || PerthchimonDonde viven las historias. Descúbrelo ahora