25 de octubre
Habían pasado ya varias semanas desde que no veía a Alfonso. Aunque nos habláramos todos los días por móvil, incluso en videollamadas, lo extrañaba. Él tenía que realizar varios viajes por temas judiciales con un empresario que se estaba divorciando de su mujer y yo tenía exámenes que prepararme, aparte el trabajo. Porque sí, ahora ya no dependía de Alfonso. Ahora tenía un trabajo estable donde me pagaban bien gracias a Maite y, bueno, a Alfonso en sí por recomendarme.
La verdad es que estaba muy a gusto en la tienda. No podía quejarme, mis compañeras eran amables y divertidas, incluso estábamos pensando en irnos todas juntas de cena por Navidad tipo empresa. El problema principal venía por otro lado. Juaquin había escapado de la policía y estaba en busca y captura. Alfonso había sido precavido y había intensificado la vigilancia en el edificio, la universidad y el trabajo. Pero la preocupación estaba ahí presente.
Por otra parte, debía admitir que estaba bastante... frustrada. Sí, esa era la palabra. Frustrada. ¿Por qué? Llevaba dos semanas sin ver a Alfonso más allá de hablar con él por videollamada y esa misma noche había tenía un sueño algo subidillo de tono con él. Hacía casi tres semanas que no... eso. Que no mantenía relaciones con él y el maldito sueño me había dejado bastante acalorada. Pero no ese calorcillo que se te va, no. Me refiero a estar cachonda. Más claro el agua.
No sabía muy bien el porqué, bueno, en verdad sí que lo sabía. Ayer Alfonso me llamó y lo pillé en la cama, acostado y con solo un calzoncillo puesto. ¿Qué por qué lo sé? Porque el señorito tuvo que ir a no sé donde a por no sé qué y se dejó el móvil en la cama por lo que pude ver su figura masculina desde atrás y cuando se giró y lo vi semi desnudo, con todo su miembro ahí marcándose, me entró el calentón.
A mí esto no me había pasado ni una vez.
O sea, sí. Me acosté con Juaquin en su día, pero no llegó a calentarme tanto con solo verlo. ¡Y más por el puto teléfono que, siquiera, estaba en persona!
Puse atención a la explicación del profesor, queriendo dejar atrás la maldita humedad que se formaba en mi parte más íntima con solo pensar en él. Pero fue en vano. Naomi no había venido, me había dicho que estaba enferma. Entonces, con disimulo, saqué mi móvil y comencé a teclear.
¡Enhorabuena! Me tienes más caliente que el mismo sol en pleno agosto.
Dejé el móvil entre mis piernas y volví a tomar algunos apuntes, pero en cuanto vibró no dudé en dejarlo todo y leer lo que Álfonso me había contestado.
¿Esto es un sueño? Creo que es la primera vez que una mujer me dice que he tenido ese efecto en ella. Pero, que conste, que no eres la única que está así. No te haces una idea de las ganas que tengo de estar dentro de ti.
Me relamí los labios y comencé a teclear.
Dime que nos queda poco para vernos, por favor. No aguanto esto.
Nos queda nada para vernos Lucía y te juro que cuando te vea, no te escapas. Voy a hacerte mía de mil formas diferentes.
Lo estoy esperando.
Volví a dejar el móvil en mis piernas y me centré en la explicación que estaba dando el profesor. Estuve así veinte minutos aun habiendo sentido la vibración del teléfono, pero necesitaba atender si no quería suspender. Cuando el profesor dio por terminada la clase, cinco minutos antes de lo que esperaba, nos dejó salir y fui enseguida a la cafetería a tomarme un café con Brais. Lo noté bastante serio, incluso le pregunté si pasaba algo. Pero solo supo cambiarme de tema y fue cuando comprendí que quizá fuera algo personal. Tuvo que irse a atender una llamada y me dejó sola en la mesa con mi café en mano. Volví a sacar el móvil y leí lo que Alfonso me había escrito.
¡Está de enhorabuena, señorita! Se acabaron mis viajes por un largo tiempo, me lo acaban de confirmar. ¿Qué le parece si nos vemos hoy en el hotel VP Plaza España Design el viernes por la noche? Te prometo la mejor noche de tu vida, incluye cena y desayuno.
Me quedé bastante sorprendida puesto que no me había dicho de ir a su casa, aunque lo dejé pasar. Lo último por lo que iba a preocuparme era el lugar.
Acepto, señor Herrera. ¿Lo veo el viernes a qué hora?
¿A las 20:00 h le viene bien?
¿Soy a la única que el puto jueguecito de Sr. y Sra. le ponía a tope? A mí me creaba como una especie de misterio que hacía que empapase las bragas.
Termino de trabajar a las 20:30, señor Herrera.
Entonces quedamos a las 21:00, no llegue tarde, señorita Lucía.
Guardé el móvil y me mordí el labio inferior. Brais entró minutos después con la cara aún más descompuesta, pero al ver mi mirada curiosa intentó camuflarlo. Sin embargo, en cuanto se sentó y le pegó un sorbo al café, no tardé en bombardearle a preguntas.
-Brais, ¿está todo bien? ¿Ha pasado algo?
-No te preocupes, Anahí -dijo, volviendo a beber de su café-. Está todo bien.
-No me mientas, por favor -le contesté, casi rogándole-. Si es por Roberto...
-No es nada de eso. -Me sonrió-. Voy a decirte algo, ¿vale? No debería, pero al final se te coge mucho cariño. -Se puso serio y se inclinó sobre la mesa para que nadie nos escuchara-. Pase lo que pase, Álfonso es un buen tío.
Lo miré escéptica.
-¿A qué viene eso? -pregunté sintiendo como mi corazón bombardeaba mucho más rápido-. ¿Ha pasado algo, Brais? -Alarmada, lo miré suplicante.
-No puedo decirte nada más, Anahí, lo siento.
-No puedes dejarme así...
-Lo siento, pero es hora de que vuelvas a clase -dijo, levantándose.
Me levanté con la preocupación plasmada en todo mi cuerpo. Brais me había dejado sin palabras, absorta en todas las posibilidades de qué había pasado con Alfonso para que me dijera eso.
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sobran razones para amarte
RomanceAdaptación, Adaptación, Adaptación. todos los derechos reservados a su autora. El hecho de coincidir contigo en esta vida es algo por lo que siempre viviré agradecido. Anahi Puente siempre se había considerado una mujer fuerte, romántica empedernid...
