19 de diciembre
Mentiría si dijese que no está siendo duro.
Estábamos en vísperas de Navidad y me encontraba arreglándome en mi habitación. Sí, mi habitación.
Hacía unas semanas que nos habíamos mudado a pesar de las veces que Álfonso nos había insistido en que no hacía falta. El estómago aún se me revolvía cada vez que escuchaba su voz por teléfono puesto que esta era la única forma en la que hablábamos. O bien por llamada o bien por mensaje. Necesitaba un poco de espacio para asimilar todo lo que estaba pasando, todo lo que había descubierto a raíz de una fotografía. Los secretos rodeaban la vida de Alfonso y yo necesitaba saber si estaba dispuesta a enfrentarlos o no. Puede sonar egoísta, pero no necesitaba más mentiras en mi vida.
Me planché el vestido con las manos mirándome al espejo de cuerpo entero que tenía detrás de la puerta. Suspiré y me senté para ponerme los zapatos. Hoy era el día en el que tenía la cena de empresa. De cierta forma, estaba alegre por salir y divertirme. Pero siempre estaba esa parte que se mantenía en vilo gracias a Juaquin, el creador de mis pesadillas. Era horrible. Noche tras noche me desvelaba en medio de la madrugada, sudando en frío y con la respiración agitada por su culpa. Aunque desde que no estoy con Álfonso mis pesadillas derivan de una cosa a otra, la más inusual fue hace unas noches cuando soñé que Alfonso se acostaba con su exmujer delante de mis narices.
Dudaba. ¿Le creía o no le creía?
¿Cuánto llevaba sin verle? ¿Un mes?
Algo que habíamos tomado como una rutina era mandarnos cartas. Estúpido, ¿verdad? Pero cada vez que veía en mi buzón un sobre con mi nombre el corazón me estallaba en el pecho. De alguna forma más bien masoquista, necesitaba saber más de él y la única forma en la que veía que se soltaba y me contaba sus sentimientos era escribiendo.
Aún sentada en la cama, escuché la puerta abrirse. Mamá apareció con otra carta en mano. Por alguna razón aparente, mi madre se empeñaba en que hablara con Álfonso de lo que había pasado. Sospecho que ella sabía algo que yo no. Como bien dicen: Más sabe el diablo por viejo que por diablo.
-Ten -me dio la carta-, la acaban de dejar en el buzón.
La agarré y me acerqué a la ventana de mi nuevo edificio. Justo como había imaginado, ahí estaba él. Mirando hacia mi ventana, esperando verme. Me escondí tras la cortina, pero fue en vano. Sonrió con tristeza antes de meterse al coche e irse. El corazón se me encogió, Álfonso estaba diferente. No físicamente sino que había algo más. Sus facciones parecían cansadas y tenía ojeras.
-¿Por qué no hablas con él, hija? -me preguntó mamá.
Suspiré, y volví a sentarme en la cama.
-Porque quiero estar fuerte para cuando lo haga, saber si me está mintiendo o no. ¿Es egoísta? ¿Soy una egoísta, mamá?
-No eres egoísta, cariño. -De fondo se escuchaba la música que Hanna estaba escuchando en su habitación-. Solo estás herida. Es normal. -Mamá se sentó a mi lado y me abrazó.
-¿Tú sabes algo que yo no sé, verdad?
-¿Crees que lo dejaría acercarse si supiera que ha hecho algo malo? -preguntó.
-¿Por qué no me cuentas nada? -refunfuñé.
-Porque eres tú la que tienes que hablar con él. -Sonrió-. ¿De qué vale que a mí me caiga bien el chico?
Resoplé y me dejé caer en la cama.
-¿Por qué no lees lo que te ha enviado? Quizá te haga cambiar de opinión -dijo, cerrando la puerta tras de sí.
«Alucino con mi madre», pensé.
Abrí el sobre pulcramente cerrado, pero, al abrirlo, un billete cayó en mi cara. No me hizo daño puesto que era un simple trozo de papel, sin embargo, me extrañé al encontrarlo y ver que era un billete a Londres con salida... ¡Para mañana! Justo cuando comenzaba mis vacaciones de invierno.
Cogí la carta con la otra mano y comencé a leer para mis adentros.
Querida Anahí:
Te envío el billete de avión para el viaje que te propuse. He intentado que tu madre y tu hermana vengan, pero han insistido en que no. Me gustaría que vinieras conmigo y hablar las cosas, recuperar lo que he conseguido perder con todos mis secretos.
Si decides venir, te estaré esperando a las seis de la mañana en el aeropuerto, justo en la puerta de embarque.
Por favor, acepta mi regalo.
Te necesito en mi vida. A. H.
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sobran razones para amarte
RomantizmAdaptación, Adaptación, Adaptación. todos los derechos reservados a su autora. El hecho de coincidir contigo en esta vida es algo por lo que siempre viviré agradecido. Anahi Puente siempre se había considerado una mujer fuerte, romántica empedernid...
