CAPÍTULO 25

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FELIX

—¿Crees que es él? —inquiere a mi lado sin apartar la vista del montón de papeles.

—¿Conoces a otro demente como para enfrentarse a mí?

—Por supuesto —habla—. Tenemos a esa pequeña intrusa.

—No es una intrusa.

—Eso es lo que es en tu vida —ya me está viendo—. ¿Me dirás que no?

—Te has vuelto muy parlanchín, César —esta vez me giro para que ambos nos estemos viendo.

—Y tú te has vuelto muy jodido —imita mi tono—. ¿Dónde está mi amigo sin sentimiento?

—Puedo dispararte para que lo veas.

Hace un mohín como un crío.

—Vaya genio.

—Estás muy feliz —comento y frunce el ceño—. ¿Tiene que ver con cierto “extraño”?

La sonrisa que tenía se le borra y los ojos se le oscurecen, aunque no del todo. Ya me imagino por qué.

—No sé de qué me hablas.

—¿Entonces no conoces cierto “extraño” que estuviste persiguiendo como un acosador?

—Me lo dice otro acosador.

Enarco una ceja. Vaya, ahora me encuentro intrigado. Deseo conocerle pronto.

—No lo dañes demasiado —antes de responderme una sonrisa se le cruza por los labios. Está divirtiéndose y eso es raro. ¿Qué alma perdida ha llamado tu atención, amigo mío?

—Eso es de lo menos que te puedes preocupar —murmura con la cabeza en otro lado—. Pronto tomaré unas vacaciones.

—No enloquezcas —le digo volviendo a concentrarme en el paisaje poco agradable a mi costado.

Pienso que lo negará, pero al contrario se ríe a carcajadas. Como el hombre más feliz de la vida.

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Me siento extraño. No soy alguien que suela sentir emoción por cosas mundanas como abrir una puerta, por eso este sentimiento que me invade mientras giro el pomo es totalmente mal.

No tardo en verla. Y ella a mí tampoco, como si no pudiera evitar sentirme, y me encuentro mordiéndome la mejilla de expectación.

—¡Ahí estás! —grita furiosa lanzándome el florero que estaba cerca de ella, arruinando más la habitación.

No, ya no es una habitación. Es un desastre. Un desastre hermoso que ella hizo por mí.

—¡¿Qué coño crees que soy?! ¡¿Una mascota?! —brama acercándose a mí.

—Parece que te catalogas con ellos teniendo en cuenta el desastre que hiciste —comienzo a acercarme, notando las respiraciones agitadas de su cuerpo. Quiero agarrarla del cuello. Sentir su pulso en mis dedos. Mierda, me estoy excitando de pensarlo.

MICHELLE

Esto me está volviendo loca.

No fueron segundos ni tampoco minutos que estuve encerrada en esta maldita habitación, fueron horas.

El gilipollas me dejó encerrada como una maldita mascota a la que le puede decir qué hacer o cómo portarse. No lo soy. Y soy alguien que se considera muy mezquina, así que él me dijo que no destrozara nada… ¿qué fue lo que hice? Le destrocé toda la habitación.

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⏰ Última actualización: 4 days ago ⏰

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Winter Breath (Borrador)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora