CAPÍTULO 22

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Esto es una total porquería.

Ese idiota no me mintió. Después de dejarme con aquella amenaza, no solo hizo que cancelaran mi pasantía y que me despidieran de mi trabajo de medio tiempo. No le bastó en lo absoluto. Intenté con desesperación recuperarme y buscar otro lugar, pero todos me dieron una misma respuesta. “NO”.

Y solo me dejó una alternativa. Una que no quiero aceptar. Un trabajo suyo.

No debo ser adivina para saber que todo lo hizo él. Y como tengo un humor pésimo, me encuentro frente a él.

—¡¿Quién coño te crees para sabotear mi vida?! —bramo lanzándole todos los papeles del escritorio.

Dudo mucho que este sea su trabajo, solo me está fastidiando. Alguien como él no estaría en un lugar así.

—Pensé que no te importaría una guerra.

—Eres un cabronazo —vocalizo—. ¿Crees que porque me quitaste mi trabajo y mi sustento te seguiré como un perro faldero? Te traigo noticias: prefiero morirme antes que ceder.

—Supongo que no te importará dejar los estudios.

¿Qué?

Aprieto la mandíbula.

Avanzo hacia él furiosa, empujo la estúpida silla y sujeto con fuerza el bolígrafo.

—Diviértete de otra forma —mascullo apretando la punta contra su cuello. No se mueve, ni se inmuta.

—¿Crees que puedes hacerlo?

—Jodidamente puedo —gruño, clavando el bolígrafo en su pierna de golpe. Ni siquiera me arrepiento—. ¿Te crees que puedes venir a mi vida y manipularme?

—Eres más juguetona, cariño —dice y yo aprieto su corbata.

—Sigue de esta forma y tendré que responder de una forma que no te gustará —lo amenazo—. Yo también sé cosas de ti.

Aprieta la mandíbula.

—Michelle…

—Espero mi jodido trabajo y pasantía esta tarde —afirmo sin dudas.

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Me dejo caer de golpe en la almohada soltando un grito.

—¡¿Por qué?! —susurro-grito.

¿Hice lo correcto? Te odio. Te odio.

Yo… yo no… soy así. Yo no dejo que los impulsos me dominen. Entonces…, ¿por qué siempre ocurre con él…?

—¡Ahhhh!

¿Qué sucede conmigo? ¿Me demandará?

No puede, ¿verdad?

—¿Qué puñeteras haces? —dejo mi remordimiento cuando la escucho.

Vaya lotería la mía. Puede que no la pase tan mal como en California, pero la tengo a ella que es una migraña cada día.

—No veo que te incumbe —exclamo levantando la cabeza y acomodándome de vuelta para que se vaya.

Sonríe.

—Lástima que eres mi compañera de cuarto —se deja caer dramática en su cama frente a la mía, sin dejar de verme como si yo fuera el problema. No lo soy. Ella lo es.

Winter Breath (Borrador)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora