Reprimo la sensación de querer enterrarme detrás de Felix.
—Cosas —respondo seco.
—¡¿Te lo has tirado en mi puta cama?! —vocifera Miguel.
—¿Dónde más? ¿Hay otra cama dentro? —me burlo.
Bien, este no es el momento de ser sarcástica.
—No tienes decencia —objeta.
Decencia…
—Me vienes tú a hablar de decencia —hipócrita—. ¿Dónde quedó tu puta decencia cuando te tirabas a otra estando conmigo? O cuando me hiciste la burla de todos, solo porque no tienes las agallas de asumir tu responsabilidad. ¿Dónde quedó?
—Perra… —no termina cuando mi mano golpea su mejilla con fuerza.
—Cuidado con lo que me dices, gilipollas —le gruño.
Debo decir que me siento bien. No. Super bien. El ardor en la palma de mi mano se siente como una victoria. Por primera vez en mucho tiempo, no me quedo callada.
—Qué alboroto… —murmura una Paola desaliñada saliendo de la habitación de al lado, con el cabello revuelto y la ropa mal acomodada.
—¡¿Tú también?! —masculla Miguel, viendo a mi amigo salir a su lado.
Ella se cruza de brazos.
—Deja la ridiculez —le dice, luego se gira a mí y sonríe—. Estás guapísima, chica.
—También lo estás —dejo escapar una pequeña sonrisa.
—Joder. Eso es lo que yo llamo karma —murmura alguien.
—Se creía mucho —suelta otro.
Después lo acompañan muchos más.
Puedo asegurar que algo en mí se regodea. Una satisfacción oscura, caliente, que me llena el pecho. Ver la cara de Miguel, roja de rabia y humillación, me hace sentir poderosa. Por una vez, no soy yo la que queda expuesta.
—Quisiera quedarme a tu estúpida fiesta, pero como verás estoy ocupada —agarro la mano de Felix.
Una mirada de satisfacción cubre sus iris. Y me estoy estremeciendo con ella.
No debería ser así. Tengo que odiarlo. Es un narcisista de primera y tiene síntomas de ser un psicópata.
Pero cómo no puedo caer rendida ante semejante belleza. Muy mal de mi parte.
Él me guía hasta las escaleras, pero me detengo viendo a la acompañante de mi amigo.
Ambas sonreímos como si pensáramos lo mismo.
—¡Feliz cumpleaños! —decimos eufóricas, recordando los desastres que dejamos en cada habitación.
Aprieta la mandíbula tan fuerte que creo que se desprenderá o romperá, pero no.
Se limita a guardar silencio por una vez en su vida. Siendo él la humillación.
Me siento poderosa al llegar al auto. El de Felix, porque insistió en que bebí y no puedo conducir ebria.
No lo estoy.
O tal vez sí, ya que tuve la fuerza para enfrentarlo en público.
No me sentí intimidada. ¿Será porque sabía que él estaba detrás mío y que no permitiría que me hiciera algo? ¿O son alucinaciones mías?
—Admítelo, querías pasar tiempo conmigo —lo molesto, intentando cortar el ambiente cargado de tensión que siento.
Pero creo que no tiene planeado cortarlo porque…
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Winter Breath (Borrador)
RomanceMichelle tras sufrir una humillacion se encuentra con un chico, cuyos ojos pueden hacerte sentir atraida como un iman, pero jamas sabras que esconden detras de esos hermosos ojos Perversion, romance, dolor, furia, bipolaridad, jamas lo sabras, hasta...
