CAPÍTULO 14

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Estoy a unos pasos de su casa.

La fiesta de cumpleaños…

Me pasé media hora parada frente al espejo decidiendo si debía venir. Más aún si no tengo acompañante. “La volvieron a dejar”, “pobre, siempre sola”, cosas así murmurarían a mi alrededor. Y no me creía en toda mi capacidad mental para soportarlo.

Eso era lo malo conmigo. Siempre dejo que lo que la gente habla me afecte, me penetre la cabeza y solo esos pensamientos circulen por mí de forma retorcida. No me gusta hacerlo, pero se siente inevitable, como si mi mente tuviera vida propia y disfrutara torturarme.

Nunca destaqué. Jamás he sido la primera opción de alguien. Yo era reemplazable…

Y las pocas veces que lo hacía era de forma desagradable, un escándalo, comentarios sucios, humillaciones públicas que todavía me queman en la memoria.

Me volvería a replantear la idea de irme si no fuera por el chico alto que se encuentra de frente mío. Observándome con una atención abrumadora que hace que me sienta ansiosa. Como si viera a través de mí, como si supiera exactamente lo que estoy pensando.

Es muy guapo —pienso, viendo cómo el traje negro se ajusta perfectamente a su cuerpo, como si solo existiera para estar puesto en él. Los hombros anchos, la camisa bien planchada marcando el pecho, la mandíbula tensa. Y muy imbécil, si me preguntas.

Con lo bien que se ve, nadie pensaría que tiene tatuajes. Tatuajes… que vi en el baño de mi casa donde me acorraló. Esos dibujos oscuros que se movían bajo su piel cuando sus manos me sujetaban con fuerza. Recuerdo cada línea, cada sombra, y odio no poder sacarlos de mi cabeza.

Y-y… y odio que no puedo sacarlo de mi cabeza. No importa si me he repetido cien veces lo que pasó, sigo sin poder borrarlo por completo de mí. Lo quiero. Me di cuenta de eso. Pero también lo aborrezco y quisiera deshacerme de él de una vez. Quiero besarlo y golpearlo al mismo tiempo. Quiero que me mire como si fuera suya y quiero que desaparezca para siempre.

—¿Cómo estás aquí? —yo no le dije nada. ¿Cómo sabía que hoy era la fiesta?

Saca su celular, desbloqueándolo. La pantalla brilla suavemente en mi rostro y entonces lo veo. Un mensaje de mi amigo.

«Una caliente chica necesita verte en la fiesta. Sácale el mal humor y que lo disfruten 😉»

Y con la imagen de la invitación de la fiesta.

Marcos…

¡¿Por qué haces esto sin avisarme?!

Y otra pregunta. ¡¿Cómo tiene su número?! Ni yo tengo su número.

—¿Por qué no me lo dijiste?

No quería verte.

—Se me olvidó.

—Durante las últimas cinco horas.

—Sí. Mi cabeza se olvida de lo que no es importante. Nada personal —hablo con desdén, aunque por dentro siento que todo se me revuelve.

—Dejaremos tus inútiles intentos de fingir que te olvidas de mí y hablaremos claro —da un paso hacia mí, acercándose tanto que puedo sentir el calor que desprende su cuerpo—. Me deseas. Estás molesta por lo que pasó con esa chica. Quieres arrancarle la cabeza. Quieres que te pertenezca.

Cada palabra me inunda. Me sacude como un golpe en el pecho. ¿Por qué siempre puede ver partes de mí que escondo? Yo no se lo he permitido. Nunca le he dado permiso para leerme así, para desnudar lo que trato de enterrar. Y aun así lo hace. Lo hace con esa facilidad que me enfurece y me aterra al mismo tiempo.

Winter Breath (Borrador)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora