CAPÍTULO 17

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Decir que estar en una estación en medio de la madrugada no es mi sueño, es innecesario, pero aquí estoy.

¿Mi dignidad? Por los suelos, gracias por preguntar.

Algo que no sucede con el lunático a mi lado que sigue indiferente al asunto. Normal.

Creo que nada le interesa. Solo meter su mano en mí. Por qué no la saco la primera vez que el policía hablo.

Digo. ¿Cuanta probabilidad había de que pasará alguien?

Yo tengo culpa por dejarme llevar por él. Se esta volviendo una mala costumbre. ¿Qué? ¿La próxima vez será más gente la que me vea?

Que los cielos no lo quieran.

En el instante que salga de aquí, programaré una cita con un psicólogo.

Aunque no sé si estaré dispuesta a hablarle de estos temas a la psicóloga sin morirme de vergüenza.

¿Me miraría cómo una demente por pensar estás cosas? ¿Seré su bicho raro?

Esto no pasaría si cierta persona dejara de meterse en mi cabeza como una enfermedad crónica.

—¿Pueden llamar a sus padres? —pregunta el oficial sin importancia, señalando un celular en la pared.

¿Cuántas veces han que pasar para que ni siquiera tenga que ver para señalar algo?

—Ya no tengo —contesto con una indiferencia que no siento.

—Muertos —responde dando golpecitos a su muslo.

Creo que comienza a estresarse.

—Mira que tenemos aquí… —deslizo la mirada a la persona no deseada que me ve.

—¿La conoces? —interroga el oficial.

—Es la mocosa de la que te hablé —me mira de reojo—. Te lo dije. Una zorra…

No termina lo que iba a decir. Felix se encuentra frente a él en un segundo, apretando su cuello con la mandíbula tan tensa que parece que va a romperse.

—Suéltalo —ordena el otro oficial, levantándose de su lugar.

—Vuelve a repetir lo que dijiste —lo desafía Felix, la voz baja y mortal.

—Q-que, es u-na pu…ta zorr-a.

Crack.

El sonido del puño de Felix impactando contra su cara es seco, brutal. El hombre escupe sangre, los ojos aturdidos, tambaleándose hacia atrás.

El otro oficial intenta jalar a Felix, pero es casi imposible. Felix lo empuja con un hombro y sigue, dándole golpes en la cara y el abdomen sin parar.

Crash. Crash. Crash.

Cada impacto resuena, carne contra carne, hueso contra hueso. El hombre intenta defenderse, levanta los brazos, trata de empujarlo, pero Felix es más rápido, más fuerte, más rabioso. Un puñetazo en las costillas lo dobla. Otro en la mandíbula lo hace girar. La sangre salpica el suelo.

—¡Suéltalo joder! —brama el oficial, intentando agarrarlo por la espalda.

El hombre se ha convertido en pulpa, bañado en sangre, su cara comienza a hincharse de forma grotesca. Seguro que ha roto huesos. Y Felix…

Él parece frenético y explosivo. Sus ojos más oscuros que nunca, como un mar en plena tormenta, salvajes, sin control.

¿Lo raro?

No me siento asustada. Me siento… cálida. Una parte de mí, oscura y retorcida, disfruta ver cómo alguien defiende lo que es suyo. Aunque ese “suyo” sea yo. Aunque sepa que esto está mal.

Winter Breath (Borrador)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora