capítulo 11.

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Sintió algo suave a su lado, algo que no debería estar allí. Draco, aún atrapado en las redes del sueño, intentó mover lo que sea que ocupaba espacio en su cama, pero no obtuvo respuesta. Un suspiro cansado escapó de sus labios mientras intentaba levantarse, solo para darse cuenta de que algo lo mantenía en su lugar. Un brazo, cálido y firme, lo abrazaba por la cintura. La alarma se encendió en su mente, y un pánico repentino lo sacudió.

"¿Quién demonios...?" Pensó, con el corazón latiendo a mil por hora.

Con los ojos muy abiertos, Draco se asustó, y en su desesperación, intentó zafarse de ese agarre, pero en el proceso, terminó cayendo de la cama con un estruendo, golpeando el suelo con un quejido. Sin embargo, antes de poder gritar, un almohadazo lo golpeó en la cara, silenciándolo de inmediato.

— Cállate... deja dormir — murmuró una voz adormilada, y Draco reconoció con horror y sorpresa a Poco, quien estaba hecho un ovillo bajo las sábanas, con ojeras marcadas en su rostro.

— ¿¡Poco!? ¿Qué haces aquí? — exclamó Draco, con la voz temblorosa mientras lo miraba de arriba a abajo, como si no pudiera creer lo que estaba viendo. Su mente corría a toda velocidad, intentando juntar las piezas de lo que parecía un rompecabezas imposible.

El mariachi solo resopló, sin molestarse en abrir los ojos. — Intentaba dormir hasta que empezaste a gritar como loco.

Draco seguía confundido, intentando juntar los pedazos de su memoria, cuando de repente soltó un suspiro y, sin pensarlo dos veces, preguntó:

— ¿Cómo es que estás aquí?

Poco se rascó la cabeza con una sonrisa nerviosa, sabiendo que esa pregunta vendría tarde o temprano. Se levantó rápidamente de la cama y ofreció su mano a Draco para ayudarlo a ponerse de pie.

— Oh... bueno, eh... ¿no lo recuerdas, verdad? — Poco intentó mantener la calma, aunque la situación lo tenía un poco tenso.

Draco aceptó la mano de Poco, sintiendo un ligero rubor en sus mejillas. Una vez de pie, se cruzó de brazos, intentando ocultar su nerviosismo.

— No, no recuerdo mucho. Bueno, casi nada. Lo último que sé es que estaba contigo... y con Crow — respondió Draco, frunciendo el ceño al recordar ese detalle y rodando los ojos con molestia.

Poco notó la mueca de disgusto de Draco y levantó una ceja, divertido.

— ¿Y eso a qué viene? — preguntó Poco, señalando con el dedo la expresión de Draco antes de continuar, intentando suavizar la situación. — Sí, tomaste de más, y terminé llevándote a tu casa. Ya me iba, pero tú me agarraste del brazo y... bueno, terminé durmiendo aquí contigo — dijo Poco, forzando una sonrisa improvisada.

Draco abrió la boca, pero ninguna palabra salió. Finalmente, se rindió y simplemente se llevó la mano al mentón, pensativo.

— ¿En serio? Bueno, eso responde todo, supongo.

Poco asintió, pero evitó la mirada de Draco. Inquieto, se rascó la nuca y dijo en voz baja:

— Supongo que... debería irme. No quiero que nadie me vea saliendo de aquí...

— ¿Qué? ¿Qué tiene de malo eso? — respondió Draco, un poco ofendido por la insinuación.

— Ah, no, no, no. No quise decirlo así. No quiero que nadie malinterprete las cosas, eso es todo — replicó Poco rápidamente, agitando las manos en un intento desesperado por corregir su error.

Draco, aún un poco desconcertado, intentó entender.

— ¿Por qué lo harían? Solo somos amigos, ¿no? — dijo alegre, intentando aflojar el ambiente que estaba cargado en ese momento.

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