capítulo 15

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Jardín de confesiones

Él me miró por unos segundos sin decir una palabra, y luego sacó esa sonrisa ladeada que gritaba ¡gané!

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Él me miró por unos segundos sin decir una palabra, y luego sacó esa sonrisa ladeada que gritaba ¡gané!

—Y… para que lo sepas, en cuanto tuve la foto, pensé en mostrársela a Henry. Pero Ember me detuvo. Me dijo que hablara contigo primero.

Por un instante, sentí que el aire me faltaba. Ember. Era mi aliada en medio de este desastre.

—Sé que piensas que James es alguien de confianza, pero no lo es, Emma. —Félix hablaba con una calma irritante mientras rodaba los ojos, como si explicarme esto fuera un fastidio —. No puedes ayudarlo a salir del palacio como si nada. Le mostraste las debilidades de la seguridad, los puntos ciegos, cómo escapar por la noche. ¿Te imaginas lo que pasará si toda esa información llega a las personas equivocadas?

—Él no haría algo así, solo salimos a dar un paseo. No ha hecho nada malo. Lo investigué.

—Su padre, sí. —Félix se inclinó apenas hacia mí, lo suficiente para que su tono bajo y firme me obligara a escucharlo—. Es responsable de conflictos internacionales, incluso guerras. No puedes confiar en nadie ahora.

—No confío en ti —respondí con sorna, tratando de aligerar la tensión. Pero su mirada oscura no dejó espacio para bromas.

—No lo hagas por ti. Hazlo por tu reino. Por la gente que sufriría si hay una guerra. —Su voz era dura, pero había algo en sus ojos que no podía descifrar. No era solo enojo; era preocupación.

Antes de poder decir algo más, su mano cayó a cada lado de la mesa, encerrándome

—. Ahora dime, ¿cómo es que lo sacaste del palacio?

Mordí mi labio, debatiendo sobre qué debía decirle. Se enfadaría si le contaba de los túneles; además, tampoco podía contarle libremente sobre ellos. James sabía que había túneles, sí, pero no dónde estaban, y estaba segura de que Félix preguntaría dónde se encontraban. Y si me negaba, se encargaría de chantajearme hasta obtener la respuesta.

—Fue en el cambio de guardia, robé los horarios y salimos sin que nadie nos viera.

Intenté mantener mi cara lo más neutral posible, pues Félix me observaba como quien intenta descifrar una mentira. Contuve el aire, obligándome a no retroceder, aunque el borde de la mesa presionaba contra mis piernas, dejándome prácticamente sin espacio para moverme.

Lo miré directamente a los ojos (desviar la mirada hubiera sido admitir demasiadas cosas), pero esa fue mi perdición. El azul de sus ojos era tan brillante que parecía irreal; aunque, en realidad, él era irreal en todos los sentidos posibles. Bastaba una sola mirada para saber que no era como los demás.

Y entonces pasó. Su expresión cambió, apenas un instante. Se inclinó lo suficiente como para quedar peligrosamente cerca de mi rostro, sin llegar a tocarme, pero tampoco alejándose. Era una distancia absurda: demasiado corta para ignorarla.

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⏰ Última actualización: 3 days ago ⏰

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