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"No eres fisgona, solo curiosa", me repito frente a la enorme ventana de la cafetería desde la cual veo el Jeep rentado de Spencer

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"No eres fisgona, solo curiosa", me repito frente a la enorme ventana de la cafetería desde la cual veo el Jeep rentado de Spencer.

Hace más de treinta minutos que ha llegado y todavía permanece allí dentro, hablando por teléfono y gesticulando más de lo habitual.

¿O lo habitual es lo que hacía en su otra vida y esta solo es una fase?

Mordisqueo mis uñas, con la ansiedad atrapando mi cuerpo. Por instinto, llevo mi mano a mi vientre, dentro del cual Bella ha estado moviéndose como si bailara una rumba.

Necesitaría ignorar lo que veo, terminar el sudoku que comencé anoche y esperar a que Spencer llegue y hable de su entrevista laboral. Bueno, si quiere, también podría hablarme de lo que sea que está charlando allí dentro de su camioneta.

Una fuerte patada de la pequeña Bella se hace sentir, obligándome a tomar asiento contra mi voluntad y perder el ángulo correcto de visión.

Hace dos meses que Spencer ha llegado a Avon y solo llevamos unos pocos días de convivencia. He aprendido que es un tanto desordenado, silencioso a la hora de comer y muy hablador a la hora del sexo. También, que usa colonias costosas y ropa que pone en vergüenza a la mía.

¿Cómo estará amueblada su casa en Charlotte?¿Algún día conoceré adónde vive?¿Su familia sabe quién soy, cuál es mi condición?¿Sus muebles combinarán con los míos?

Me duele la cabeza de tanto pensar y no es bueno. Mucho menos, en mi estado.

Aun me restan trece semanas hasta la fecha de parto y muero por armar el bolso de mi bebé; aunque me aterra pensar en un parto prematuro, muchos sitios de internet aconsejan tener todo al alcance de la mano.

Cassandra ha programado que mi parto sea en una maternidad en Manteo, a poca distancia de su consultorio. Espero que cuando salga de cuentas, no haya tráfico.

Recuesto mi cabeza en el respaldo de la silla y mis párpados bajan pesadamente; he estado más cansada que de costumbre, mis tobillos lucen hinchados y he aumentado de peso, cosas lógicas aunque no menos molestas.

A pesar de mi resistencia inicial, Spencer ha contratado a otra muchacha a tiempo parcial para que ayude a Ally. Ha superado estas dos semanas con creces a su lado y eso es mucho decir.

Conozco lo intensa y mandona que puede ser mi adorada empleada y, creéme, es un milagro que Stacy no haya salido corriendo todavía.

―¿Por qué no vas a descansar un rato? ―la voz susurrada de Spencer me saca de mi ensoñación. Me he perdido el momento en que salió de su Jeep y vino hacia aquí.

Me besa la frente y se sienta delante de mí.

―No sirvo para estar en la cama. ―Hago puchero ganando tiempo. No sé si preguntar por la extensa charla en su vehículo.

―Pues todos dicen que deberías aprovechar ahora porque después no tendrás tiempo ni para ducharte ―me toma de las manos y reconozco cierta incomodidad en sus ojos.

Joya del mar - CompletaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora