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Cuando Tori me contó que Spencer abrió los ojos, estallé de alegría

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Cuando Tori me contó que Spencer abrió los ojos, estallé de alegría. Llevé a Bella a mi pecho y comencé a girarnos de felicidad. Entre gorjeos y babuubabas de su parte y gimoteos de la mía, agradecí a Dios por ello.

Como también agradecí haber tomado la llamada que ella me hizo cinco semanas atrás, anunciando que Spencer había sufrido un accidente.

En un principio, no creí que fuera cierto. Lo tomé como una broma de mal gusto. Escuchar que lloraba y me pedía que por favor vaya a Charlotte movió hasta la última de mis células. Ella no estaba mintiendo y pensar en la gravedad del caso, en que quizá jamás volvería a verlo, me puso en acción.

Bombeé leche lo más rápido que pude y dejé varias tomas en los envases que compré antes de parir. Expeditiva, anoté la fecha y etiqueté cada frasco.

También, pedí a Brandon y a Ally que cuidaran a Bella durante el día, con el remordimiento de separarme de ella por tantas horas.

Esta era una urgencia.

Rogaba que me permitieran ver a Spencer y quitarme esta mala sensación del pecho; por la noche, volvería a Avon y al día siguiente, haría lo mismo de ser posible.

Ni siquiera tuve tiempo de darme una ducha rápida; me vestí con velocidad, di un beso a mi hija en la frente aprovechando que dormía plácidamente después de su toma de leche y cogí las llaves de mi camioneta para cuando Mark apareció en mi puerta.

Lo que menos necesitaba era un desplante o una tonta escena de celos en ese momento apremiante.

―Lo siento Mark, tengo prisa ―ni siquiera me detuve en mi caminata hacia el estacionamiento del hotel.

―Lo sé, vengo a llevarte hasta Charlotte ―Mis pies se inmovilizaron sobre la arena. Parpadeé ante la inesperada propuesta ―. Hoy por la mañana Ally me dijo lo que sucedió con Spencer y realmente lo siento mucho ―sus palabras sonaron genuinas ―. Angie, hemos sido amigos por muchos años y reconozco que me he equivocado. Motivado por los celos o por la envidia, me comporté mal. Amas a Spencer y debo aprender a convivir con ello. ―se rascó la nuca, decepcionado consigo mismo. Tragué duro y me emocioné ante el amigo que realmente necesitaba en ocasiones semejantes.

―Son muchas horas de viaje.

―Más a mi favor: estás nerviosa y alterada por los acontecimientos. No son las mejores condiciones para salir a la carretera ―el impulso me llevó a ponerme en puntas de pie y lo abrazarlo fuerte. Él demoró unos segundos en captar mi gesto de cariño y cerró sus brazos en mi espalda ―. Vamos, no perdamos tiempo. ¿Si? ―asentí y así fue como llegamos más rápido de lo previsto.

Una vez en el hospital, conseguir dar con Victoria después de hablar con varias enfermeras y personal del lugar. En cuanto me vio, supo quién era yo.

Como si fuera una vieja amiga a la que no veía hace tiempo, me abrazó con determinación; su contextura física era muy parecida a la mía y, aun así, su fuerza me superaba. De no ser porque me reconoció, no hubiera adivinado que era la melliza de Spencer.

Joya del mar - CompletaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora