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Noches en vela, pechos agrietados y en carne viva, humor de los mil demonios y sonrisas que derriten

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Noches en vela, pechos agrietados y en carne viva, humor de los mil demonios y sonrisas que derriten. Las últimas ocho semanas han sido una montaña rusa de emociones.

Bella es todo lo que está bien: su piel es ligeramente morena, tiene mucho cabello oscuro y ojos que parece que serán del color del mar. Tal como la imaginé, también nos tiene a todos en un puño.

¿Quién diría que el duro de Brandon se moriría de amor por esta pequeña?

Hay nuevos huéspedes en el hotel y nadie ignora lo encantadora que es esta niña.

Ha sido llamada Bella Walters y no pude evitar sentirme un poco extraño; obviamente, no es mi hija de sangre y a pesar de que lo niegue, Angela se siente en el compromiso moral de llamar al imbécil de su ex para preguntarle si quiere que la beba lleve su apellido.

El muy bastardo ni siquiera ha aparecido; en cambio sí lo ha hecho el bueno para nada de Mark. Ha visitado a su amiga y a su niña en son de paz y ella lo aceptó, razón suficiente para que yo aceptara su presencia.

La exposición en el ayuntamiento está cada vez más cerca y mi ansiedad va en aumento. Las localidades han sido vendidas en su totalidad y sé que habrá personas de localidades vecinas que nos visitarán.

Desde que nació la niña que estoy a punto de arrojar mi verdad a Angela.

Sé que es algo que debería haber hecho antes, pero mi miedo es paralizante. Cada vez que deseo hacerlo, algo lo impide; y cuando no es un evento ajeno a mí, me quedo sin palabras, incapaz de formular una oración coherente.

Miro la sortija que he comprado por la mañana, soñando con pedirle matrimonio esta misma noche a Angie, en la cena que organicé por su cumpleaños. Alex, el yerno del alcalde, me había recomendado una tienda muy exclusiva, bonita y que trabajó con velocidad en el diseño que les pedí. No es un anillo digno de la realeza de Hollywood, pero me encanta y sé que es del tipo que puede encajar con Angela.

Llego al hotel y la algarabía es contagiosa. Me tiemblan las piernas y ruego que mis planes salgan según lo previsto. Hay globos en las puertas, guirnaldas en las ventanas y las grandes macetas con plantas que Angie misma ha sembrado, resplandecen gracias al sol.

―Aquí está el pastel, cariño ―Hago mi ingreso triunfal. Angie no ha querido sobrecargar al cocinero con los preparativos; Ally y su esposo vendrán esta noche, Stacy lo hará con su novio y si bien Brandon no ha sido claro al respecto, suponemos que cierta doctora de nombre Cassandra puede que lo acompañe.

Le doy un casto beso en la boca a Angie, aunque sus ojos alojan un fuego especial. Desde hace un par de noches que aprovechamos a acariciarnos íntimamente bajo las sábanas cuando la pequeña Bella se queda dormida en la cuna que ocupa en su propio cuarto.

―Gracias, pero creo que me gustaría otro regalo. ―Se cuelga de mi cuello y hago malabares para que la caja de la pastelería no se caiga de mis manos.

Joya del mar - CompletaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora