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No me queda uña viva mientras espero en el pequeño hospital de la zona

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No me queda uña viva mientras espero en el pequeño hospital de la zona. Debería haber trasladado a Angie a un centro de mayor complejidad, pero Brandon me recomendó ir al lugar de asistencia más cercano a Avon.

Aquí estamos los dos, esperando por novedades que no llegan.

―Estoy seguro de que será solo un mareo. El imbécil de Ray la ha sometido a mucha presión.

―Te juro que si le pasa algo le romperé el cuello al idiota ese. ―Juro, mirando mi puño blanco.

―Ponte en la fila, chico. Yo lo tengo entre ceja y ceja desde antes que tú ―su comentario divertido me sorprende. Palmea la silla de plástico junto a él y me invita a tomar asiento al ver que mis nervios se consumen como la mecha de un explosivo militar.

―No sé cómo puedes estar tan tranquilo.

―No lo estoy, pero la desesperación no hará que tengamos noticias más rápido.

―¡No puedo estar aquí sentado! ―protesto. Quiero patear todo lo que encuentro a mi paso.

―¿Eres médico?

―Pues, obvio que no.

―Entonces tener tu culo aquí es lo mejor que puedes hacer. ―Se le ha acabado la paciencia y lo entiendo. Ni siquiera yo me soporto ―. Muchacho, sé que quizás te sorprendas, pero quiero pedirte perdón. ―no me mira y sé que ha hecho un esfuerzo enorme al esbozar esas palabras.

―Llamarme sorprendido es el eufemismo del siglo. ¿Puedo preguntar el motivo de tus disculpas?

―Porque creí que no eras suficiente hombre para Angie ―Traga fuerte. Veo el perfil de su garganta cediendo ante la saliva.

―Solo asumiré que no hay día en el que no me pregunte si la merezco―reconozco y vuelco mi torso hacia adelante, con mis codos clavándose en mis muslos y mi cabeza siendo sostenida con ambas manos.

―Spencer, no sé qué te trajo a Avon, pero díselo a Angela cuanto antes. Has visto de primera mano lo que su ex le hizo, el dolor que causa la mentira y la decepción.

Sus palabras retumban como las de la doctora Mosche.

―Tengo miedo de que no me acepte cuando sepa acerca de mi pasado.

―El miedo no debe doblegarte, no debe dominarte ―muerde su labio y finalmente, confiesa ―. No debes temerle a la verdad. Puede que duela, que sea inoportuna e incómoda, pero al fin de cuentas, es la verdad. Y Angie necesita confiar ciegamente en ti ―el peso de su reflexión cae sobre mis hombros como un muro de concreto.

Lo miro de lado e inmediatamente veo que todo lo que me ha dicho fue con conocimiento de causa; él se ve reflejado en mí.

―Cuando recién nos conocimos me dijiste que no eras de Avon. ―afirmo. Él asiente con la cabeza ―. Por lo que he visto durante este tiempo, muchos vienen a Avon en busca de paz ―nuevamente, dice que sí ― y se quedan aquí a causa del amor, ¿me equivoco? ―elevo una ceja, acorralándolo. Tengo casi un ciento por ciento de probabilidades de que me diga que no me meta en sus asuntos o lo que es peor, que mi cara se desordene contra su bofetada.

Joya del mar - CompletaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora