Él es de los que huyen.
Ella, de las que se quedan.
En el medio, un hotel en bancarrota.
¿Cómo marcharte si quieres quedarte?
¿Cómo quedarte si debes marcharte?
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Cinco años después.
―¡A comer! ―Acompaño con palmas mi grito, rogando porque supere el ruido de las olas bravas del mar.
La temperatura ha bajado algunos grados y es hora del almuerzo.
―¡Bella, Ashton, Jesse, Patrick, Emma, Eireen! ―llamo a cada uno de los niños que corretea sin cesar sobre la fría arena.
―¡Papá! No hemos terminado de jugar ―protesta Bella, la mayor del clan.
No, no hemos tenido tantos niños en estos pocos años, pero pasan tanto tiempo aquí que es como si fueran parte de nuestra tribu.
―Es hora de comer. Brandon ha puesto mucho empeño en la cocina ―regaño a mi hija mayor mientras subo a mis brazos al pequeño de la familia, Patrick quien con solo dos años, es un terremoto de magnitud 10 en la escala de Richter.
Jesse, de cuatro y quien fuera gestado en París, se cruza de brazos, enfurruñado porque también quería seguir jugando. Todos suben las escaleras bajo mi supervisión y van en dirección a sus padres.
Es temporada baja y ya no hay huéspedes. Es la primera vez que decidimos cerrar por vacaciones y tomarnos un tiempo en familia.
La economía es floreciente para el hotel: hemos sido distinguidos con un premio al mejor hotel del condado de Carolina del Norte y agraciados con varias notas periodísticas que destacan al "Joya del mar", como "el lugar perfecto para enamorarse".
Algo parecido a lo que dijo esa escritora que nunca más regresó.
Ella se lo pierde.
Mañana nos iremos a vacacionar a la costa oeste, lo cual es todo un desafío con tres menores de diez años y una esposa embarazada de cinco meses.
Ayer mismo supimos de que tendremos una niña. Bella estuvo presente durante la ecografía que reveló el sexo de su hermanita y lo primero que dijo fue "era hora".
Ashton se ubica entre sus padres, Cassie y Brandon, en tanto que las mellizas Emma y Eireen, de cuatro, le hablan en simultáneo a mi hermana y a su padre. Tristán y su esposa se ríen a su lado, divirtiéndose con estas dos pequeñas actrices en potencia.
Supongo que pueden decir que son dignas nietas de mi madre.
―Ya, ya, de a una por vez ―les señala Tori y se compenetra en el aparente drama que cada una de ellas le cuentan. Son copias idénticas de mi hermana y me compadezco de su esposo cuando este par crezca.
Porque tal como yo sostuve, Tori no era estéril.
Maldito Chad "chalecos de tweed" Parrish.
Comiendo de a ratitos y desordenadamente, mi esposa y yo nos turnamos para que los niños estén bien alimentados. Mamá nos colabora con Jesse, en tanto que yo me ocupo del pequeño Patrick, sentado en su sillita alta.
Al momento del pastel de cumpleaños, servimos champagne para los adultos y agua y jugos para los niños. Ally, aun siendo una de las invitadas y estando jubilada, se toma la molestia de que todos tengamos una copa.
No se me escapa que no solo mi esposa es la que no pide alcohol. Por lo bajo, otra de las invitadas pide jugo porque tiene el estómago revuelto.
¡Qué me parta un rayo!
Regreso mi mirada a Angie y ella sonríe con picardía. La muy perversa se tiene bien guardada la noticia.
Los invitados a mi cumpleaños se ponen de pie en tanto que los niños se paran en sus sillas; Emma, mi sobrina, pasa con poca discreción -aunque cree que la tiene - un dedo por el pastel, arrastrando un gran copo de merengue. Se lleva el regaño divertido de mi hermana y la risa de todos los presentes.
―Zolo quedía probad si eda medengue o quema ―miente descaradamente en su propio dialecto.
La típica canción de cumpleaños resuena como un coro desafinado y gracioso. Veo las velas con mi nueva edad y pido salud, amor y prosperidad para nuestra hermosa familia.
¿Quién diría que una vida libertina y solitaria me traería hasta aquí?
¿Quién diría que este hotel sería mi lugar el mundo?
Soplo apagando las pequeñas llamas al mismo tiempo que otras boquitas, y todos aplauden. Mi esposa me acuna el rostro entre sus manos y me besa con dulzura.
Miro sus ojos y debo retractarme.
Ni Avon ni el "Joya del mar" son mi lugar en el mundo.
Mi lugar en el mundo está en los ojos de mi esposa.