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 Llego a la cafetería de Elizabeth City y extiendo el cuello buscando a mi hermana hasta que la encuentro en una de las mesas del salón

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 Llego a la cafetería de Elizabeth City y extiendo el cuello buscando a mi hermana hasta que la encuentro en una de las mesas del salón. Este mediodía está inusualmente repleto de gente.

―¡Spencer! ―se desploma en mis brazos y se echa a llorar de inmediato.

Se ha ubicado estratégicamente en una esquina escondida del tumulto.

―Tori, ¿qué sucede? ―Acaricio su cabello castaño. Su mentón se amolda a mi hombro y su pecho sube y baja contra el mío.

―Lo siento tanto ―sus palabras ahogadas me obligan a separarla de mi torso y buscarle la mirada. Arrastro sus lágrimas, acomodo su melena lacia detrás de sus orejas y le doy un beso en la frente.

―¿Por qué tendrías que disculparte? ―no tengo idea de qué está hablando. Aún estamos de pie y temo porque se desvanezca si me alejo.

―Chad, la chica Dunne, papá...―intento conectar los personajes que menciona. Le tomo las manos, las beso y le pido en un susurro que se explaye ―. Chad...Chad es el padre del bebé de Grace Dunne.

¿Qué caraj...?

La revelación es impactante.

Tengo mil preguntas atascadas en mi garganta y el alivio que recorre mi cuerpo es demasiado intenso como para ignorarlo. Sin embargo, ser testigo del derrumbe de mi hermana no es nada placentero.

―Espera un minuto, ¿qué dices?¿Cómo lo sabes? ―la acompaño hacia su silla y le ofrezco unas servilletas de papel que hay sobre la mesa.

Sorbe su nariz y se la limpia. Gimotea y su semblante cambia cuando una camarera demasiado maquillada y muy joven se acerca a tomar nuestro pedido.

―Un café doble para mí y un té de tilo para ella.

―¡No necesitó un té de tilo! ―protesta, rechazando lo que ordeno―. Un té negro, en hebras. ―Victoria pega una sonrisa plástica en su rostro y la pelirroja eleva las cejas con su radar de "perras a la vista" aparentemente activado.

―¿Algo para comer? ―pregunta con displicencia.

―Yo no. ¿Y tú? ―le cedo la palabra a mi hermana y ella pide una porción de pastel de limón.

La camarera apenas se ha ido para cuando Tori frunce la boca, en señal de reprobación.

―No puedo creer que te hayas tirado a la camarera.

―¿Qué?

―¡Vamos, Spencer! La chica te estaba devorando con los ojos.

―Ni siquiera la conozco.

Tori abre sus impactantes ojos. En tanto que yo saqué la mirada analítica y taciturna de mi padre, ella tiene los ojos redondos y expresivos de nuestra madre.

―¿Estás hablando en serio? ¡Júrame que no has estado con ella!

―¿Por qué debería hacer eso?

Joya del mar - CompletaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora