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He llegado a Charlotte y agradezco que no haya guardia periodística en el hotel que me he hospedado durante los meses anteriores a mi huida

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He llegado a Charlotte y agradezco que no haya guardia periodística en el hotel que me he hospedado durante los meses anteriores a mi huida. Manteniendo un bajo perfil, me acerco al conserje y en cuanto atravieso la puertas del establecimiento, este me llama por mi nombre.

―Parker, ¿qué sucede?

―¿No lo sabe? ―pregunta con recelo. Estamos en un rincón. Me detengo con mi equipaje a cuestas y me quito mis lentes de sol para ver sus gestos con mayor nitidez.

―¿Saber qué?

―Cuando usted se fue de aquí, su padre ordenó desalojar la habitación y trasladar sus pertenencias a su mansión familiar.

Me quedo de una pieza, con la mandíbula colgando. Debería haber supuesto que el muy bastardo había omitido un par de detalles antes de irse de Avon.

Cuando salí del "Joya del mar" hecho un harapo, mi papá no estaba en la recepción. Su vehículo y "sus muchachos" brillaban por su ausencia. El bastardo arrojó la bomba y huyó feliz, con el deber de haber hecho lo que quería: ridiculizarme, minimizarme y verme acatando sus malditas órdenes.

Me froto el rostro; pasar los días en casa de mis padres no estaba en absoluto dentro de mis planes. Lo último que deseo es confrontar cada minuto con él y mucho menos, hacer de mi vida aquí una quimera.

―Gracias Parker. Ah, y siento haber sido un grano en el culo para ti ―le sonrío. El conserje ha limpiado mi trasero más de una vez.

―Lamento mucho lo que sucedió, muchacho. ―Su preocupación es genuina y me reconforta que haya gente decente en este mundo.

―Yo también. ―Asumo y regreso a mi camioneta nueva.

He estado pensando cómo es que mi padre dio conmigo y ato los pocos cabos sueltos que encuentro: ¿habrá rastreado mi comunicación con mi madre, los mensajes que pudimos haber intercambiado en las últimas semanas? ¿O dio conmigo después de haber comprado los muebles para la habitación de Bella?

Maldigo mi descuido; había estado tan entusiasmado con todo lo que vimos para ella, que no me percaté de pagar en efectivo y borrar el rastro.

Minutos más tarde estoy frente a la casa que me ha visto crecer. No guardo buenos recuerdos de este lugar; cualquier persona pensaría que el dinero hace a la felicidad, pero soy la excepción.

He tenido mucho en materia económica, he ido a colegios de renombre y me he codeado con familias de gran posición social. ¿Cariño, afecto, amor? A cuentagotas y solo cuando mi madre estaba sobria de sus medicamentos.

No estoy de humor cuando bajo de mi Lexus, ni tampco mejora cuando la empleada se alegra con mi llegada. A paso firme y al filo de la grosería abro las puertas dobles del despacho de mi padre haciendo que éste salte de su silla.

―¿¡Por qué demonios vaciaste mi habitación de hotel!? ―se quita los lentes de aumento con exasperación.

―Porque Anthony no quería tener ocupada una de sus mejores suites en vano.

Joya del mar - CompletaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora