¿Que pasaría si una chica con ansías derramar sangre se reencuentra con dos chicos extremadamente locos?
Sus caminos se cruzaron cuando eran niños, pero ellos no se recuerdan el destino los volverá a unir.
Ellos tres están locos con ansías de inicia...
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La feria.
Llevaba más de una hora y media esperando que Dean y Axel aparecieran con la dichosa sorpresa. No estaba de humor para alguna de sus estupideces y me dediqué a observar detenidamente el sótano de la casa de Kaela, lo tenia bien equipado en la pared izquierda tenía colgado una colección de cuchillos que iba del más pequeño al más grande.
Lo divertido de este lugar era la ruleta e intuía que ahí practicaba su puntería.
Kaela me había comentado que tenían una cabaña donde guardaban sus trofeos y distintas armas para escoger. Le dije que quería conocer ese lugar y me aseguro que pronto iríamos.
La puerta se abrió y enseguida se escucharon pasos bajando por la escalera, al girarme ambos sostenían de los brazos a un chico que tenía el rostro cubierto por una bolsa negra.
—¿Está es la sorpresa? —espetó.
—Si. Es el hijo de perra que insultó y golpeó a Kaela. —respondé Dean.
Mis labios se curvaron en una sonrisa siniestra.
Lo sentaron en una silla y le quitaron la bolsa de la cabeza, sus ojos se abren mucho viendo hacia todas partes del sótano. Arrastré la otra silla y me senté frente a él que seguía desorientado.
Relajé mi postura recargando mi espalda en el respaldar de la silla.
—A-axel que hago aquí. —carraspea ocultando el temblor en su voz—.Yo no he abierto mi boca sobre esa noche en el bosqu...
—¿Bosque? —giró mi cuello hacia Axel, que estira su mano hacia los cuchillos eligiendo el más filoso.
—Fue la noche que matamos a un grupo de amigos y da la casualidad de que transitaba la misma carretera.
Casualidad mis pelotas me cree tan idiota para tragarme ese cuento viejo que lanzó. Esté imbécil los ha seguido quién sabe por cuánto tiempo y ni cuenta se daban.
—Tú lo sabes ¿verdad? —dije poniéndome de pie con una sola mirada Dean entiende enseguida.
—La camioneta que ví pasar en la carretera era la tuya. —soltó con tranquilidad.
La vena de mi cuello se tensa con lo que acaba de decir. Como siempre tenía la maldita costumbre de omitir los más mínimos detalles.
—¿Ah sí? ¿Quién te estuvo pagando todo esté tiempo? —le pregunta Axel y el gris de sus ojos se tornaron oscuros.
—Te ayudaremos a hacer memoria. ¿Qué dicen ustedes? —les pregunté ambos.
—Odio que basuras como tú existan en este mundo y que tengan la jodida gallardía de ensuciar el nombre de nuestra mujer. —siseó Dean esbozando una sonrisa y lanzándole un puñetazo.