Capítulo 18.

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Te debo una falda ¿no?

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Te debo una falda ¿no?

A la mañana siguiente ninguna de las dos se levantó para irse a la universidad, de la tremenda borrachera que se pusieron ya eran las 2:00 pm y seguían durmiendo. No sé donde mierda se largaron Dean y Axel, me tuve que quedar en la casa con el perro y con las dos locas.

Seguía cambiando los canales hasta que me detuve en el canal de noticias y subí más el volumen.

Se han reportado más casos de chicas desaparecidas últimamente, sus familiares se encuentran desesperados por encontrarlas. —habla un periodista y muestran las fotos de las chicas desaparecidas, todas tienen el mismo rasgo y deben rondar la misma edad—.La ciudad está alertada con la ola de feminicidios que están aumentando, y encontraron los cuerpos de las tres chicas que desaparecieron hace dos semanas con el mismo patrón; golpeadas, violadas, con el cabello cortado. Pero lo más extraño fue que aparecieron con una rosa y con un vestido rojo y marcada con el número...

—¿Que miras? —la voz somnolienta de Kaela, me hace silenciar el televisor.

—Una noticia. —ladeó mi cabeza hacia ella, trae el albornoz medio abierto—.Ve a darte una ducha saldremos.

Me mira con una ceja arqueada.—¿A donde me llevarás?

—Te debo una falda ¿No?

Con decir eso sus ojos se iluminan y sonríe regresa por donde vino subiendo las escaleras rápido, ruedo los ojos y me vuelvo a centrar en el noticiero le activo el sonido pero ya no es el mismo periodista es otro que está en el parque central con los familiares de las chicas desaparecidas.

Fruncí el ceño, al ver que el perro está mirando fijamente.

—¿Qué? Tú no irás a ningún lado.

Lo ignoré continúe pasando los canales hasta que unos treinta minutos después un carraspeo me hizo apartar los ojos del televisión para girar la cabeza ahí estaba de pie.

Traía su cabello suelto y luce una blusa de tirantes verde que le llega a la mitad del abdomen junto con una falda negra jeans corta y sus zapatillas.

El piercing en su ombligo lo cambio a una mariposa de color verde.

—Ya estoy lista.

Asentí y me puse de pie tome de la mesita las llaves de mi porsche y salimos de la casa. Le abrí la puerta para que subiera y se deslizó por el asiento de cuero.

—Axel y Dean no deben de tardar en llegar.

—¿Los llamaste? —le preguntó.

—Si.

Me mantuve en silenció mientras manejaba hasta el centro comercial y de reojo miraba a Kaela que tenía la mirada clavada en la ventanilla, como si ver los autos en la autopista fueron lo más interesante.

Kaela [Proceso]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora