Capitulo 11

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Iris

Me sentí abrumada por la propuesta de Adrián, como si el suelo se desmoronara bajo mis pies. ¿Casarme con él? La idea me parecía absurda, una completa locura. Apenas sabía nada de él. Era un hombre peligroso, rodeado de sombras y secretos, y yo ya tenía suficientes de esos en mi vida. Mi existencia era una tormenta constante, una batalla interminable por mantenerme a flote. ¿Cómo podía siquiera considerar atarme a alguien como él?

Pero entonces, mi mente me traicionó. El recuerdo del beso invadió mis pensamientos, tan vívido que casi podía sentir sus labios sobre los míos de nuevo. Fue un error, lo sabía, pero ese momento había encendido algo en mí que no podía ignorar. La conexión había sido instantánea, cruda, como si mi cuerpo hubiera reconocido en él algo que mi mente no quería aceptar. Ese beso me había hecho sentir viva, algo que hacía mucho no experimentaba. Había sido un destello de algo que ni siquiera podía nombrar, y esa sensación me aterraba tanto como me atraía.

No podía permitirme ceder a esa emoción. Era peligrosa, incontrolable. Adrián era un huracán, una fuerza que amenazaba con arrasar todo lo que había construido para protegerme. Y yo no podía permitirme ser débil, no ahora. Pero, por más que lo intentara, no podía ignorar la forma en que me miraba, como si ya me conociera, como si pudiera ver más allá de las capas que había construido a mi alrededor.

La propuesta no solo me descolocaba; me hacía cuestionarme todo. ¿Por qué yo? ¿Qué veía él en mí para hacer algo tan drástico? ¿Era una estrategia, un movimiento calculado en su interminable juego de poder, o había algo más? Quería creer que era lo primero, porque la otra posibilidad era mucho más peligrosa.

Y, aun así, no podía dejar de sentir esa atracción que tiraba de mí hacia él. Era como una corriente implacable, llevándome hacia aguas desconocidas. Parte de mí quería resistirse, pero otra parte, más oscura, más visceral, deseaba dejarse arrastrar. Había algo en él, en su presencia, que encendía un fuego en mi interior, un fuego que no sabía si quería apagar o dejar consumirlo todo.

Pero no podía permitirme eso. No podía permitirme a él. Había sobrevivido demasiado, luchado demasiado, como para entregarme a algo tan incierto, tan peligroso. Mi mente me decía que me alejara, que construyera un muro aún más alto entre nosotros. Pero mi cuerpo, mis instintos, parecían no estar de acuerdo.

Era un dilema que no sabía cómo resolver. Adrián representaba todo lo que había aprendido a evitar: el caos, el riesgo, la vulnerabilidad. Pero también representaba algo más, algo que me atraía de una manera que no podía entender.

Me sentía dividida, atrapada entre el miedo y el deseo, entre la razón y la emoción. Y, mientras mi mente intentaba encontrar una salida, mi corazón latía con fuerza, recordándome que, por primera vez en mucho tiempo, había algo que me hacía sentir viva.

Sacudí la cabeza, intentando despejar mis pensamientos. No podía dejar que mis sentimientos me confundieran. Tenía que tomar una decisión lógica, no emocional. Y mi decisión era clara: no iba a casarme con Adrián.

Pero, ¿podría resistir la atracción que sentía hacia él? Probablemente no.

Sacudí la cabeza, intentando organizar mis pensamientos. La palabra "compromiso" seguía girando en mi mente como un trompo fuera de control. ¿Casarme con Adrián? ¿En qué universo eso tenía sentido? Yo, la misma persona que no podía decidir entre café o té por las mañanas, ahora debía decidir si quería compartir mi vida con el tipo más peligroso que he conocido. Esto tenía que ser una broma del destino. O del karma. Sí, probablemente del karma.

Mis cavilaciones fueron interrumpidas bruscamente por un grito histérico que prácticamente perforó mis oídos.

-¡¿Qué demonios pasó anoche?! -Jonathan entró como un torbellino, agitando las manos dramáticamente mientras se abalanzaba sobre mí-. ¡Iris! ¡Habla o juro que me convierto en detective amateur ahora mismo!

El Peso del Pasado Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora