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Apoyo los brazos sobre la barandilla del barco, observaba el océano sacudirse levemente a lo lejos y unos peces salir a la superficie. Inclino la cabeza soltando un suspiro, acaricio sus brazos al sentir una brisa bastante fresca.

—Se está poniendo frío. ¿No quieres entrar?

—Quiero estar sola... —murmuro la rubia.

Mako se puso a su lado dándole la espalda al agua— Debe ser horrible no poder recordar tu vida.

—Eso creo. Realmente no siento nada...

El Maestro Fuego vio de soslayo la expresión de Terra, su mirada era decaída, levantó su brazo y tomó su mano entre la suya. La chica no mostró indicio de separarse, su mano era cálida.

—Realmente no eramos los mejores amigos, para eso esta Bolin. Pero esta durmiendo como un tronco y pensé que necesitabas donde agarrarte o... llorar.

—¿Por qué llorar?

—Te sientes sola. Korra recupero sus recuerdos pero tu... aun no.

—Creo que es mejor. Escuche lo que era antes y lo que hice —desvío la mirada al sentir sus ojos picar—. Que bueno que no puedo recordar todo eso.

—Pero es parte de ti —Mako recibió la mirada de la Maestra Tierra, aclaro su garganta—. Es decir, no serias tu misma... No importa lo que hiciste en el pasado, sino lo que has hecho para cambiar.

Su mirada se relajo, curvo ambas cejas hacia arriba con una pequeña sonrisa— ¿Y que hice?

—Trabajas conmigo con la policía de Ciudad República, bueno, estabas en periodo de prueba. Pero te iba genial. Estabas cambiando tu vida para bien...

Ella volvió su mirada al océano, una sensación cálida llegó a su pecho, cerro los párpados sintiendo el viento soplar. Tomo una gran bocanada de aire y lo libero en un largo suspiro.

—¿Estas bien?

—¿Puedo hacerte una pregunta?

—Por supuesto.

—,Más que una pregunta es un secreto, ¿prometes no decirle a nadie? —el asentimiento firme de Mako le hizo saber que podía seguir— Casi mato a Korra antes.

—¡¿Que?!

—Mis vidas pasadas se metieron en mi cabeza. Repetían todo el tiempo que matará al Avatar Korra... —eso si podía recordarlo con bastante claridad. En ese momento sentía mucho frío y solo podía observar. Como si alguien hubiera tomado su cuerpo.

—¿Por qué no lo hiciste?

—Bolin. —soltó el nombre del chico.

El pelinegro curvo una ceja, confuso— ¿Bolin?

—Cuando escuche su nombre, algo apareció, era cálido como una llama —puso ambas palmas en el centro de su pecho—. Ya no tenía frío... Fue como si hubiera despertado.

—Por dios...

—¿Que?

—Terra. Te gusta mi hermano.

Fueron segundos de silencio, hasta que Terra soltó una sonora carcajada, sujeto su estómago sin parar de reír. Limpio una lágrima de su ojo y recobro la postura.

—Estas loco, Mako. Ni siquiera conozco a Bolin, ya cállate.

—¡Ay, por favor! ¿Por qué a las mujeres les cuesta entender?

—No me gusta tu hermano, Mako. Apenas supe su nombre y si lo conociera, ahora no lo recuerdo. ¿Lo olvidas? Perdí la memoria. —pico su propia cabeza. Se alejo de la orilla y camino por el barco, siendo seguida por el Maestro Fuego.

𝑇𝑒𝑟𝑟𝑎 | ᵇᵒˡⁱⁿDonde viven las historias. Descúbrelo ahora