Controlar más de un elemento es normal cuando resultas ser el Avatar.
Pero si alguien más lo hace es raro.
Al menos todos pensaban eso al verla.
Solo una persona la veía como alguien asombrosa.
Atrapó a Korra en sus brazos y la dejo en el suelo con cuidado, volvió su mirada a Unalaq. Lanzó patadas que enviaban rocas directo al Maestro Agua.
—¡No puedes ganarme, niña!
Terra detuvo sus movimientos, pero mantuvo las manos arriba, veía de reojo a Vaatu dar vueltas alrededor de ambos. Se suponía que Korra debía pelear con ellos, ahora estaba sola. Arrastro el pie sobre la tierra, exhalo entre dientes y su corto cabello se sacudió con el viento.
—¡Vaatu! —llamó al espíritu sobrevolando en el cielo— ¡Lamento decirte que cuando acabe con Unalaq seguirás tu!
—¡Niña estúpida!
Terra golpeo el suelo con un salto, el suelo se quebró en segundos, Unalaq se elevo con el agua del río. Lanzó picos contra la rubia pero ella giraba sobre su eje destruyendo las mismas con bloques del tierra. El Maestro Agua quiso ir directo a Vaatu pero su misma Agua atrapó sus pies y lo lanzó de nuevo al suelo.
—¿Que...? —miro sus pies. Luego a la chica a varios metros.
Sus ojos brillaban con intensidad, era elevada por un escombro, comenzó a mover ambos brazos y arrastro el cuerpo de Unalaq a través del agua. Lo lanzó al aire y atrajo los brazos contra su estómago, rocas rodearon el cuerpo del hombre hasta terminar encerrado.
—¡Ah!
Volteo y miró todo el terrero, su mirada se enfoco en ambos jóvenes Maestro Agua, uso su brazo lanzando un golpe en lateral y pilares de tierra emergieron del suelo para atacarlos. Regreso su atención a la enorme esfera de tierra que encerraba a Unalaq. Terra sintió agua retener sus dos manos, apretó los dientes, dio un salto y de una patada quebró el suelo bajo los gemelos. El brillo en sus parpados era como un luz vieja, parpadeaba perdieron energía.
Unalaq logro liberarse y evitar mayor caída con su Agua Control.
—¡Vaatu!
La rubia levantó la mirada, el espíritu dejó de dar vueltas para ir directo al cuerpo del hombre. Su respiración se aceleró de pronto, de su garganta emergió un fuerte grito. Unalaq fue apartado y derribado del camino de forma misteriosa. El espíritu maligno no se detuvo, siguió de largo hasta encontrar el cuerpo de la joven Maestra Tierra, ella se limito a cerrar los párpados.
—¡TERRA!
Grito de nuevo. Su cuerpo se retorcía en el suelo, hasta que sus ojos se volvieron rojos y la figura de Vaatu se reflejo en su pecho. La chica exhalo, se puso de pie como si nada hubiera pasado. Abrió y cerró las palmas.
—¡Maldita! —sus ojos pararon en Unalaq, quien volvía a ponerse de pie— ¡¿Que hiciste?!
—Cierra la boca. —el cuerpo del hombre comenzó a retorcerse, sus brazos y piernas giraban en sentidos qué los hacía crujir.
—Eres una... Maestra Sangre. ¡I-Imposible!
—Avatar Korra —la nombrada fue llamada. La de hebras doradas giro hasta el Avatar sin bajar uno de sus brazos—. Lo siento...
—¿Terra?
—Haré mi... parte. Cuento contigo para hacerlo aquí.
—¡Terra, espera!
La voz en la chica cambió, una carcajada salio de entre sus labios. Cuando giro se encontraba a centímetros del portal del Norte. Poso la mano en esa energía y una luz oscura cubrió todo su cuerpo, en segundos volvió al estado normal. Pero esa rojiza mirada seguía en ella.
Volvió a reír.
—¡Ahora somos uno, para siempre!
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